El sepulcro de la Virgen María. De Rafael a San Juan Damasceno

Rafael & Giulio Romano & «Il Fattore»: Coronazione della Vergine detta Madonna de Monteluce (Museos Vaticanos):

Coronacion_MonteluceSan Juan Damasceno, el último Padre la Iglesia en Oriente, que jugó un gran papel en la lucha iconoclasta iniciada por León Isáurico III hacia el año 730, fue un gran encomiador y elogiador del tránsito de la Virgen al cielo. En su homilía Sobre el tránsito de la Virgen nuestra Señora hizo un hermoso panegírico de la Madonna, y hablaba sobre el sepulcro de la Virgen María en los siguientes términos:

«Ahora pues, oh sepulcro el más sagrado de todos, al menos después del sepulcro del Señor, que dio principio a la vida y fue la fuente de la resurrección (pues a ti me dirijo, como si fueses cosa animada), ¿dónde está ahora aquél oro puro, que depositaron en ti las manos de los Apóstoles? ¿Dónde las inagotables riquezas? ¿Dónde el precioso brazalete que recibió a la vida? ¿Dónde la mesa animada? ¿Dónde el nuevo volumen, donde por inefable manera fue inscrito el Verbo de Dios sin trabajo de mano? ¿Dónde el abismo de la gracia? ¿Dónde el océano de curaciones? ¿Dónde la fuente de quién salió la vida? ¿Dónde, en fin, aquél sacratísimo y amabilísimo cuerpo de la Madre de Dios?

«¿Por qué buscáis en el sepulcro a la que fue elevada a los celestiales tabernáculos? ¿Por qué me preguntáis por el modo con que fue custodiado? No tengo yo fuerzas para oponerme a los mandatos divinos. Dejando la sábana, aquél sagrado y santo cuerpo que me comunicó la santidad, y me llenó de ungüento y olor suavísimo, y me hizo un templo divino; arrancado de aquí se marchó hacia arriba, acompañándole los Ángeles y Arcángeles y todas las Virtudes de los cielos. Ahora me honran los Ángeles. Ahora mora en mí la gracia divina: y yo he venido a ser una medicina para los enfermos. Yo la fuente perenne de salud. Yo el látigo de los demonios. Yo la ciudad de refugio para los que a mí se acogen. Acercaos, pueblos, con fe, y bebed en abundancia los dones de la gracia. Acercaos los que no tenéis una fe vacilante: Los que tenéis sed; venid a las aguas, dice Isaías, y los que no tenéis dinero, venid y comprad sin dinero (Isaí. LV). Yo llamo a todos evangélicamente. Todo el que tiene sed de curarse en sus enfermedades, de arrancar los vicios del alma, de limpiarse de los pecados, de remover cualquiera calamidad, del descanso del reino celestial, venga a mí con fe, y beba el don eficacísimo y utilísimo de la gracia. Porque así como la virtud y acción del agua, como la de la tierra, del aire y del esplendidísimo sol, aún siendo simple y la misma, se cambia, sin embargo, diversamente y según la naturaleza de las cosas que la participan, y se torna en la vid en vino y en el olivo en aceite; así la gracia, aunque una y la misma, hace el bien diversamente según conviene a cada uno de aquellos que la perciben. Mas esta gracia no la tengo por mi naturaleza. Todo sepulcro está lleno de hedor, es causa de tristeza y enemigo de la alegría. Pero he recibido un bálsamo precioso, por el cual se me ha dado un suave olor; y este bálsamo está dotado de tal suavidad y tanta virtud, que aún tocado ligeramente, produce un fruto que no se puede quitar. Pues los dones divinos son sin penitencia (Rom. XI, 29). He dado hospedaje a la fuente del gozo, y reboso en las riquezas de este perenne manantial».

Ya veis, amantísimos padres y hermanos, qué palabras nos dirige este celebérrimo sepulcro»

Palabras de San Juan Damasceno en la homilía Sobre el tránsito de la Virgen nuestra Señora, recogida la antología de textos de los Padres «LOS SANTOS PADRES, colección escogida de sus homilías y sermones, traducidos al castellano por la Propaganda Católica, bajo la dirección de D. Francisco Caminero, Presbítero» (Tomo V, pág 223). Madrid, 1879.


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