
La Inmaculada Concepción (1767-1769) de Giambattista Tiepolo (Museo Nacional del Prado).
La Inmaculada Concepción es una temática bastante recurrente en el arte pictórico religioso. Se suele representar con la Virgen vestida de blanco, con un manto azul, en una actitud serena y majestuosa, en este caso con un pie puesto encima de la serpiente, que recuerda al pasaje del Génesis en el que Yahveh condena a la serpiente y establece la enemistad entre su estirpe y la de Eva. Así se presenta a la Virgen como la nueva Eva que aplasta a la serpiente, al pecado, es tota pulchra, sin pecado concebida.
Otros elementos importantes que podemos apreciar en esta obra es que la Virgen está coronada con doce estrellas, con la paloma blanca sobre ella, representando la acción del Espíritu Santo, tercera persona de la Santísima Trinidad. Esta última imagen se inspira claramente en el pasaje de Apocalipsis 12,1-6,
Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida de sol, la luna a sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. Está encinta y grita al sufrir los dolores del parto y los tormentos de dar a luz. Apareció entonces otra señal en el cielo: un gran dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas siete diademas. La cola arrastró una tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó a la tierra. El dragón se puso delante de la mujer, que iba a dar a luz, para devorar a su hijo en cuanto naciera. Y dio a luz un hijo varón, el que va a regir a todas las naciones con cetro de hierro. Pero su hijo fue arrebatado hasta Dios y hasta su trono. Entonces la mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar preparado por Dios, para que allí la alimenten durante mil doscientos sesenta días.
Hoy no hablaremos de la simbología de flores que aparece, ya lo haremos más adelante.
Descubre más desde De Arte Sacra
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.