Adamo ed Eva nel Paradiso Terrestre

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Adamo ed Eva nel Paradiso Terrestre (Musei Vaticani) de Johan Wenzel Peter (1745-1829).

En el génesis encontramos dos relatos de la creación del hombre que parecen corresponder a dos tradiciones, el capítulo 1 sería redactado por la tradición sacerdotal (posterior al exilio de Babilonia) mientras que el capítulo 2 sería redactado por la escuela yavista (de la época de los reyes, más antigua que la anterior).

En el capítulo 1 (Gn 1,26-31):

Y dijo Dios: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves de los cielos, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todas las sierpes que serpean por la tierra. Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó. Y bendíjolos Dios, y díjoles Dios: «Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra». Dijo Dios: «Ved que os he dado toda hierba de semilla que existe sobre la haz de toda la tierra, así como todo árbol que lleva fruto de semilla; para vosotros será de alimento.  Y a todo animal terrestre, y a toda ave de los cielos y a toda sierpe de sobre la tierra, animada de vida, toda la hierba verde les doy de alimento». Y así fue. Vio Dios cuanto había hecho, y todo estaba muy bien. Y atardecío y amaneció: día sexto.

El relato parte de la creación ya hecha, cuya coronación definitiva es el hombre y la mujer, hechos a semejanza de Dios y que tienen el encargo de guardar la creación hecha por Dios.

En el capítulo 2 (Gn 2,7-9,15-24):

Entonces Yahveh Dios formó al hombre con polvo del suelo, e insufló en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente. Luego plantó Yahveh Dios un jardín en Edén, al oriente, donde colocó al hombre que había formado. Yahveh Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles deleitosos a la vista y buenos para comer(…).

Tomó, pues, Yahveh Dios al hombre y le dejó en al jardín de Edén, para que lo labrase y cuidase. (…) Dijo luego Yahveh Dios: «No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada».  Y Yahveh Dios formó del suelo todos los animales del campo y todas las aves del cielo y los llevó ante el hombre para ver cómo los llamaba, y para que cada ser viviente tuviese el nombre que el hombre le diera. El hombre puso nombres a todos los ganados, a las aves del cielo y a todos los animales del campo, mas para el hombre no encontró una ayuda adecuada. Entonces Yahveh Dios hizo caer un profundo sueño sobre el hombre, el cual se durmió. Y le quitó una de las costillas, rellenando el vacío con carne. De la costilla que Yahveh Dios había tomado del hombre formó una mujer y la llevó ante el hombre. Entonces éste exclamó: «Esta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta será llamada mujer, porque del varón ha sido tomada». Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne.

En este relato sin embargo se manifiesta con más claridad la misión del hombre y la mujer, no solo domina la tierra, sino que ha sido creado para labrarla y cuidarla, participando así directamente de la acción creadora de Dios. El hombre es el culmen de la creación no sólo en cuanto ser creado, sino en cuanto a su misión de acabar y perfeccionar la creación.

El hombre es creado antes que todo lo demás, señalando la importancia de su papel en la creación. Los demás seres parecen ser creados además para acompañar al hombre en su tarea, y les pone el nombre, lo que significa en la cultura hebrea que ejerce un dominio sobre lo nombrado.

Sin embargo el hombre no se realiza plenamente con ellos, necesita de un igual a él (o a ella) uno que sea carne de su carne, lo que puede interpretarse como una precuela de la institución del matrimonio, que es la forma de vida en la que el hombre se realiza, pasando a ser una sola carne.

Se ve claro aquí que lo importante no es tanto el orden cronológico de la creación (cosa que sí podríamos decir del primer relato) sino que el orden de redacción de este segundo capítulo obedece más a una cuestión de la misión y el papel de las distintas criaturas. Aquí por tanto se puede apreciar un papel del otro (u otra, si lo vemos a la inversa) en cuanto guía del individuo, y cómo se complementan mujer y hombre, siendo diferentes pero con una igualdad y dignidad sustanciales, pues son de la misma carne.


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