Es una constante la relación que se establece entre Eva y María. En la misma Escritura encontramos dos versículos ilustrativos:
El primero, cuando Adán y Eva cometen el pecado original. Son amonestados y castigados por Dios, el cual dice en Génesis 3, 15, dirigiéndose a la serpiente:
Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo; él te herirá en la cabeza, mientras tú le herirás en el talón.
Un descendiente de la mujer (en el que tradicionalmente se ha visto a María) herirá por fin al demonio, someterá el pecado. Y así se han representado muchas de las imágenes de la Inmaculada, especialmente en el periodo barroco.
El hombre llamó a su mujer Eva, porque ella habría de ser la madre de todos los vivientes.

Por último, seleccionamos un texto de Pie Regamey, en Los mejores textos sobre la Virgen María, hablando de la relación entre Eva y María:
«De este primer periodo es preciso señalar sobre todo los numerosos textos que establecen un paralelismo entre Eva y María. El más antiguo de todos ellos es de San Justino, en su Diálogo con el judío Trifón:
Nosotros comprendemos que El (Cristo) se hizo hombre por medio de la Virgen, a fin de que la desobediencia provocada por la serpiente terminase por el mismo camino por donde había comenzado. En efecto, Eva, virgen e intacta, habiendo concebido la palabra de la serpiente, dio a luz la desobediencia y la muerte; en cambio, la Virgen María, habiendo concebido fe y alegría, cuando el ángel Gabriel le anunció que el Espíritu del Señor vendría sobre Ella y que la virtud del Altísimo la cubriría con su sombra, de modo que el Ser santo nacido de Ella sería Hijo de Dios, respondió: «Hágase en mí según tu palabra.» Nació, pues, de Ella Aquel de quien hablan tanto las Escrituras… Por El, Dios arruina el imperio de la serpiente y de los que, sean ángeles o sean hombres, se han hecho como ella, y Dios libera de la muerte a los que se arrepienten y creen en El.»
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