
Ecce homo de Antonio Ciseri (1880)
Rememorando este Viernes Santo, hago eco del prólogo de Contra Celsum de Orígenes (siglo III d.C.), obra maestra de la apologética cristiana. El maestro Alejandrino, que amaba la realidad del martirio (su propio padre la encarnó ante sus ojos), nos muestra ambientándonos en la gran agonía de Jesús de aquellos días cómo las obras son lo que realmente se impone ante la falsedad y la calumnia, cómo quiso Cristo consumar su vida con la gran obra de su Sacrificio, y cómo sus discípulos siguen con este ejemplo:
1. Jesús callaba
Nuestro Señor y Salvador Jesucristo calló cuando se le levantaban falsos testimonios y nada respondió cuando era acusado, pues estaba persuadido que su vida entera y cuanto hiciera entre los judíos eran más fuertes que toda palabra para refutar el falso testimonio, más eficaz que todo discurso para defenderse de las acusaciones. Tú, empero, piadoso Ambrosio , no sé por qué razón has querido componga yo una apología contra los falsos testimonios que Celso ha levantado a los cristianos y contra las acusaciones a la fe de las iglesias que consigna en su libro. ¡Como si la realidad misma no ofreciera una clara refutación y razonamiento superior a todo lo escrito, que deshace todo falso testimonio y no deja a las acusaciones viso de probabilidad para que puedan lograr su intento! Ahora bien, sobre que Jesús callara al levantársele falsos testimonios, basta de momento citar el texto de Mateo, ya que Marcos escribió cosa equivalente. Helo aquí: Mas el sumo sacerdote y el sanhedrín buscaban un falso testimonio contra Jesús, a fin de darle muerte; pero no lo encontraban, a pesar de haberse presentado muchos falsos testigos. Por fin, se presentaron dos que dijeron: Este dijo: Puedo destruir el templo de Dios y reedificarlo en tres días. Y levantándose el sumo sacerdote le dijo: ¿Nada respondes a lo que éstos atestiguan contra ti? Jesús, empero, callaba (Mt 26,59-63) Y sobre que Jesús no respondiera al ser acusado, he aquí lo que está escrito: Mas Jesús compareció delante del gobernador, que le interrogó diciendo: ¿Eres tú el rey de los judíos? Y Jesús le dijo: Tú lo dices. Y como le acusaran los príncipes de los sacerdotes y los ancianos, nada respondió. Díjole entonces Pilato: ¿No oyes cuántas cosas atestiguan contra ti? Y no le respondió a palabra alguna, de manera que el gobernador quedó muy maravillado (Mt 27,11-14).
2. Jesús sigue callando
A la verdad, digno fuera de maravilla para quienes sean capaces de discurrir moderadamente que, pudiéndose defender y demostrar que no era reo de culpa alguna; pudiendo hacer un elogio de su propia vida y de los milagros que realizara como venidos de Dios, a fin de mostrar al juez el camino de una sentencia más benévola en su favor, nada de eso hiciera, sino que despreció a sus acusadores y magnánimamente los desdeñó. Ahora bien, que, de haberse Jesús defendido, lo hubiera puesto el juez sin demora en libertad, es evidente por lo que de él se escribe haber dicho: ¿A quién de los dos queréis que os suelte: a Barrabás o a Jesús, que es dicho el Cristo? Y por lo que prosigue diciendo la Escritura: Sabía, en efecto, que por envidia lo habían entregado (Mt 27,17-18).
Todavía se le siguen levantando a Jesús falsos testimonios, y mientras exista la maldad entre los hombres, no habrá momento en que no se lo acuse. Y por lo que a El atañe, también ahora calla y no responde con su voz; pero es defendido por la vida de sus genuinos discípulos, que es el más fuerte clamor, más potente que todo falso testimonio, para refutar y echar por tierra falsos testimonios y acusaciones.
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