El Alma cristiana acepta su cruz, Óleo sobre lienzo. Anónimo. Hacia 1630. Museo del Prado.

San Bernardo, Sermón 63, sobre las palabras del Evangelio: “El que quiera venirse conmigo, que reniegue de sí mismo, cargue con su cruz y me siga”:
“El que quiera venirse conmigo, por mí y hasta mí. Conmigo porque soy la verdad; por mí porque soy el camino; y hasta mí porque soy la vida. El que quiera venirse conmigo, que reniegue de sí mismo, cargue con su cruz y me siga. Tres cosas propone Cristo, fuerza y sabiduría de Dios, y Ángel del gran consejo, al alma racional, creada a imagen de la Trinidad: espíritu de servicio, el propio desprecio en el hecho de llevar la cruz, y la sobriedad en la imitación de Cristo. De este modo quien perdió por la desobediencia el triple gozo que poseía, vuelva a levantarse por la obediencia, humillado con la aflicción de otra triple miseria.
Había caído de su propia dignidad, de la compañía de los ángeles y de la visión de Dios; o en otras palabras, había perdido la libertad, la dignidad yb la felicidad. Escuche, pues, este consejo: niéguese a sí mismo, o a su voluntad propia, y recuperará la libertad; cargue con su cruz, crucificando su carne con sus vicios y concupiscencias por la continencia, y volverá a disfrutar de la compañía de los ángeles; y siga a Cristo, imitando su pasión, y gozará de la visión de su gloria, porque si sufrimos con él reinaremos con él.”
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