
En el monasterio de Sacro Speco (en Subiaco, Italia) se encuentra la gruta donde habitó tres años San Benito de Norcia, fundador de los Benedictinos, en el siglo VI. Se puede considerar como el «padre» del monacato occidental. El complejo arquitectónico se empezó a construir más tarde, en el siglo XI. En la misma gruta en la que habitó San Benito, Bernini esculpió a un joven Benito en un momento de éxtasis. En la entrada a Sacro Speco hay una inscripción en piedra, anónima, del siglo XVI, que reza:
LUMINA SI QUAERIS, BENEDICTE, QUID ELEGIS ANTRA?
QUAESITI SERVANT LUMINIS ANTRA NIHIL.
SED PERGE IN TENEBRIS RADIORUM QUAERERE LUCEM:
NONNISI AB OBSCURA SIDERA NOCTE MICANT.
(Si buscas luz, Benito, ¿por qué eliges la cueva oscura? La cueva oscura no ofrece lo que buscas. Continúa buscando en las tinieblas la luz fúlgida, porque sólo en lo profundo de la noche centellean las estrellas)
El Pseudo Dionisio Areopagita, que –aunque autores disputan acerca de su verdadera identidad- parece ser un cristiano sirio de inicios del siglo VI, habla mucho acerca de la necesidad del alma de sumergirse en las divinas tinieblas para llegar a Dios, al Incognoscible. Escribe en el Prólogo a su Teología Mística:
¡Trinidad supraesencial,
más que divina y más que buena!
Maestra de la sabiduría divina de los cristianos,
guíanos más allá del no saber y de la luz,
hasta la cima más alta de las Escrituras místicas.
Allí los misterios de la Palabra de Dios
son simples, absolutos, inmutables
en las tinieblas más que luminosas
del silencio que muestra los secretos.
En medio de las más negras tinieblas,
fulgurantes de luz ellos desbordan.
Absolutamente intangibles e invisibles,
los misterios de hermosísimos fulgores
inundan nuestras mentes deslumbradas.
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