La transfiguración de Rafael

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Trasfigurazione (1518-1520), Raffaelo Sanzio, Musei Vaticani (Roma).

Conmemorando la fiesta de ayer de la Transfiguración del Señor, mostramos una de sus representaciones mejor logradas, la Trasfigurazione de Rafael. Aparte de la versión existente en los museos vaticanos, encontramos esta otra copia en el Museo del Prado, con un contraste de colores claramente menor, y el cambio del paisaje:

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Destaca en la obra claramente los colores, que se reúnen entorno a puntos y focos de luz que dan volumen a los cuerpos de los personajes, muy característico de Rafael.

La obra se divide en dos escenas. En la primera contemplamos la Transfiguración propiamente dicha, con una geometría claramente triangular entre Jesús, Moisés y Elías. En la escena inferior, podemos ver el intento por parte de los discípulos de echar al demonio fuera del niño, pero no lo consiguen, como se ve en Mt 17, 14-20:

14Al llegar donde la multitud, se acercó a él un hombre, se puso de rodillas 15y le suplicó: —Señor, ten compasión de mi hijo, porque está lunático y sufre mucho; muchas veces se cae al fuego y otras al agua. 16Lo he traído a tus discípulos y no lo han podido curar.
17Jesús contestó: —¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo tendré que estar con vosotros? ¿Hasta cuándo tendré que soportaros? Traédmelo aquí.
18Le increpó Jesús y salió de él el demonio, y quedó curado el muchacho desde aquel momento.
19Luego los discípulos se acercaron a solas a Jesús y le dijeron: —¿Por qué nosotros no hemos podido expulsarlo?
20—Por vuestra poca fe —les dijo—. Porque os aseguro que si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este monte: «Trasládate de aquí allá», y se trasladaría, y nada os sería imposible.

Quizás por eso parece que los discípulos señalan al Maestro, que no se encuentra con ellos en ese momento. Aquí Rafael presenta las distintas actitudes de los personajes: unos señalando a Jesús, que no se encuentra con ellos, otro incluso se señala a sí mismo como sin poder creer que le estén pidiendo a él que haga el milagro, e incluso varios señalan al niño quizás con incredulidad: por eso Jesucristo les echa en cara después su falta de fe, que sí que parecen tener los acompañantes y el padre de la criatura.

Si volvemos a la misma escena de la Transfiguración narrada por Mateo (Mt 17,1-13):

1Seis días después, Jesús se llevó con él a Pedro, a Santiago y a Juan su hermano, y los condujo a un monte alto, a ellos solos. 2Y se transfiguró ante ellos, de modo que su rostro se puso resplandeciente como el sol, y sus vestidos blancos como la luz. 3En esto, se les aparecieron Moisés y Elías hablando con él. 4Pedro, tomando la palabra, le dijo a Jesús: —Señor, qué bien estamos aquí; si quieres haré aquí tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
5Todavía estaba hablando, cuando una nube de luz los cubrió y una voz desde la nube dijo: —Éste es mi Hijo, el Amado, en quien me he complacido: escuchadle.
6Los discípulos al oírlo cayeron de bruces llenos de temor. 7Entonces se acercó Jesús y los tocó y les dijo: —Levantaos y no tengáis miedo.
8Al alzar sus ojos no vieron a nadie: sólo a Jesús. 9Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: —No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del Hombre haya resucitado de entre los muertos.
10Sus discípulos le preguntaron: —¿Por qué entonces dicen los escribas que Elías debe venir primero?
11Él les respondió: —Elías ciertamente vendrá y restablecerá todas las cosas. 12Pero yo os digo que Elías ya ha venido y no lo han reconocido, sino que han hecho con él lo que han querido. Así también el Hijo del Hombre va a padecer a manos de ellos.
13Entonces comprendieron los discípulos que les hablaba de Juan el Bautista.

Esta escena tiene claros paralelismos con episodios del Antiguo Testamento, cumpliéndose todos ellos en éste: el hijo del hombre majestuoso del profeta Daniel, Moisés con el rostro iluminado por haber estado con Yahveh cara a cara… Joseph Ratzinger, en su libro Jesús de Nazareth ilumina nuestro episodio con estas palabras:

Ahora aparecen Moisés y Elías hablando con Jesús. Lo que el Resucitado explicará a los discípulos en el camino hacia Emaús es aquí una aparición visible. La Ley y los Profetas hablan con Jesús, hablan de Jesús. Sólo Lucas nos cuenta –al menos en una breve indicación– de qué hablaban los dos grandes testigos de Dios con Jesús: «Aparecieron con gloria; hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén» (9, 31). Su tema de conversación es la cruz, pero entendida en un sentido más amplio, como el éxodo de Jesús que debía cumplirse en Jerusalén. La cruz de Jesús es éxodo, un salir de esta vida, un atravesar el «mar Rojo» de la pasión y un llegar a su gloria, en la cual, no obstante, quedan siempre impresos los estigmas.   

Con ello aparece claro que el tema fundamental de la Ley y los Profetas es la «esperanza de Israel», el éxodo que libera definitivamente; que, además, el contenido de esta esperanza es el Hijo del hombre que sufre y el siervo de Dios que, padeciendo, abre la puerta a la novedad y a la libertad. Moisés y Elías se convierten ellos mismos en figuras y testimonios de la pasión. Con el Transfigurado hablan de lo que han dicho en la tierra, de la pasión de Jesús; pero mientras hablan de ello con el Transfigurado aparece evidente que esta pasión trae la salvación; que está impregnada de la gloria de Dios, que la pasión se transforma en luz, en libertad y alegría.

 


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