
En la Columnata de Bernini de San Pedro, proyectada entre 1656 y 1667, se puede leer la siguiente inscripción:
IN•VMBRACVLVM•
DIEI•AB•AESTU•
IN•SECVRITATEM•
A•TVRBINE•ET•A•PLVVIA•
La bóveda de la colonnata se propone entonces como umbráculo, como refugio para los peregrinos que transitan en días de turbine y pluvia.
La cita la encontramos en el libro de Isaías 4, 5-6:
[5] (…) Habrá un toldo sobre toda la gloria, [6] y una tienda proporcionará sombra durante el día contra el calor, y abrigo y cobijo contra la tormenta y la lluvia.
Dice la Neovulgata: [5] (…) Super omnem enim gloriam protectio, [6] et tabernaculum erit in umbraculum diei ab aestu et in securitatem et absconsionem a turvine et a pluvia.
El Salmo 121, que se reza en la Liturgia de las Horas, nos indica que Dios es el verdadero umbráculo. Probablemente el anónimo escultor que grabó las palabras de la colonnata en piedra (¿sería Bernini?) quiso comparar esa arquitectura protectora con el Dios Providente de la Escritura.
Salmo 121 (Vg 120):
[1] «Canto de las subidas» Alzo mis ojos a los montes: ¿de dónde me llegará el auxilio?
[2] Mi auxilio me viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra.
[3] No permitirá que tropiece tu pie, no duerme el que te guarda.
[4] No, no dormita, no se duerme el guardián de Israel.
[5] El Señor es tu guardián, el Señor, a tu derecha, es tu sombra protectora.
NVG: [Dominus custodit te, Dominus umbraculum tuum, ad manum dexteram tuam.]
[6] De día no te dañará el sol, ni la luna de noche.
[7] El Señor te guarda de todo mal, guarda tu alma.
[8] El Señor guarda tus salidas y entradas, desde ahora y por siempre.
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