La oración del huerto, Doménikos Theotokópoulos (El Greco), 1597 – 1607, Santa María la Mayor de Andújar, JAÉN (ESPAÑA).
Este breve fragmento de «La amarga pasión» de la beata Ana Catalina Emmerich relata la escena que podemos ver representada en el cuadro de El Greco:
Cuando las visiones sobre su Pasión hubieron acabado, Jesús cayó sobre su cara como un moribundo; los ángeles desaparecieron, el sudor de sangre corrió más abundante y empapó
sus vestiduras, la más profunda oscuridad reinaba en la caverna. Vi a un ángel bajar hacia Jesús. Era más alto, y distinto, más parecido a un hombre que los que había visto antes. Iba ataviado como un sacerdote y llevaba consigo, en sus manos, un pequeño cáliz semejante al
de la Cena. Sobre este cáliz parecía flotar una forma redonda del tamaño de una judía, e irradiaba una luz rojiza. El ángel, sin llegar a tocar el suelo con los pies, extendió la mano
derecha hacia Jesús, quien se enderezó, y el ángel colocó en su boca este alimento misterioso y le dio a beber del pequeño cáliz luminoso. Después desapareció. Tras haber aceptado Jesús libremente el cáliz de sus padecimientos y haber recibido una
nueva fuerza, permaneció todavía algunos minutos en la gruta, absorto en una tranquila meditación, y dando gracias a su Padre Celestial. Sentía todavía una honda aflicción, pero
había sido confortado hasta el punto de poder ir a donde estaban los discípulos, sin tropezar y sin sucumbir bajo el peso del dolor. Seguía estando pálido, pero su paso era firme y decidido. Se había limpiado la cara con un paño y recompuso los cabellos, que le caían sobre la espalda, apelmazados y empapados de sangre.
Vemos la misma escena relatada en el Evangelio de San Lucas:
Salió y se encaminó, como de costumbre, al monte de los Olivos, y lo siguieron los discípulos.
Al llegar al sitio, les dijo: «Orad, para no caer en tentación».
Y se apartó de ellos como a un tiro de piedra y, arrodillado, oraba diciendo: «Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya».
Y se le apareció un ángel del cielo, que lo confortaba.En medio de su angustia, oraba con más intensidad. Y le entró un sudor que caía hasta el suelo como si fueran gotas espesas de sangre. Y, levantándose de la oración, fue hacia sus discípulos, los encontró dormidos por la tristeza, y les dijo: « ¿Por qué dormís? Levantaos y orad, para no caer en tentación». (Lc 22, 39-46)
Finalmente quisiera poner un extracto de Santo Rosario, de la oración del huerto, de San Josemaría Escrivá:
Orad, para que no entréis en la tentación. -Y se durmió Pedro. -Y los demás apóstoles. -Y te dormiste tú, niño amigo…, y yo fui también otro Pedro dormilón.
Jesús, solo y triste, sufría y empapaba la tierra con su sangre. De rodillas sobre el duro suelo, persevera en oración… Llora por ti… y por mí: le aplasta el peso de los pecados de los hombres.
«Pater, si vis, transfer calicem istum a me». -Padre, si quieres, haz que pase este cáliz de mí… Pero no se haga mi voluntad, «sed tua fiat», sino la tuya. (Lc 22, 42.)
Un Angel del cielo le conforta. -Está Jesús en la agonía. -Continúa
«prolixius», más intensamente orando… -Se acerca a nosotros, que dormimos: levantaos, orad -nos repite-, para que no caigáis en la tentación. (Lc 22, 46.)
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