Alfonso X el Sabio y Rafael

Alfonso X el Sabio cuenta en una de sus cantigas Cómo Santa María hizo permanecer al monje trescientos años oyendo el canto de la avecilla, porque le pedía que le mostrase el bien que disfrutaban los que estaban en el Paraíso. Proponemos también el cuadro de la Virgen del jilguero, de Rafael, como imagen que bien pudo contemplar el buen monje en su estancia en el Cielo.

Raffaello_Sanzio Madonna_del_Cardellino.jpg

 

Virgen del jilguero (Madonna del cardellino), Rafael Sanzio, 1506 (Galería Uffizi, Florencia), que representa a la Virgen María, a Jesús (a la derecha) y a San Juan (a la izquierda).

 

Cantiga de Alfonso X el Sabio

COMO SANTA MARIA FEZE ESTAR O MONGE TREZENTOS ANOS AO CANTO DA passarya, PORQUE LLE PEDIA QUE LLE MOSTRASSE QUAL ERA O BEN QUE AVIAN OS QUE ERAN EN PARAISO.

Quena Virgen ben servirá
a Parayso irá.

E daquest’ un miragre/ vos querer’ eu contar,
que fezo Santa Maria/ por un monge, que rogar-
ll’ia sempre que lle mostrasse/ qual ben Parais’ á,

Quena Virgen ben servirá…

E que o viss’ en ssa vida/ ante que fosse morrer.
E porend’ a Groriosa/ vedes que lle foi fazer:
fez-lo entrar en hūa orta/ en que muitas vezes ja

Quena Virgen ben servirá…
Entrara: mais aquel dia / fez que hûa font’ achou
mui crara e mui fremosa, / e cab’ ela s’assentou.
E pois lavou mui ben sas mâos, / diss’: «Ai, Virgen,

Quena Virgen ben servirá…

Se verei do Parayso, / o que ch’ eu muito pidi,
algun pouco de seu viço / ante que saya daqui,
e que sábia do que ben obra / que galardon averá.»

Quena Virgen ben servirá…

Tan toste que acabada / ouv’ o mong’ a oraçon.
ou hûa passarinna / cantar log’ en tan bon son.
que sse escaeceu seendo / e catando sempr’ alá.

Quena Virgen ben servirá…

Atan gran sabor avia / daquel cant’ e daquel lais,
que grandes trezentos anos / estevo assi, ou mays,
cuidando que non estevera / senon pouco, com’ está

Quena Virgen ben servirá…

Mong’ algûa vez no ano, / quando sal ao vergeu.
Des fois-ss’ a passaryn[n]a, / de que foi a el mui greu,
e diz: «Eu daqui ir-me quero, / ca oy mais comer querrá

Quena Virgen ben servirá…

O convent’.» E foi-sse logo / e achaou un gran portal
que nunca vira, e disse: / «Ai, Santa Maria, val!
Non é est’ o meu môesterio, / pois de mi que se fará?»

Quena Virgen ben servirá…

Des i entrou na eigreja, / e ouveron gran paor
os monges quando o viron, / e demandou-ll’o prior,
dizend’: «Amigo, vos quen sodes / ou que buscades»

Quena Virgen ben servirá…

Diss’ el: «Busco meu abade, / que agor’ aqui lexey,
e o prior e os frades, / de que mi agora quitey
quando fui aquela orta; / u seen quen mio dirá?»

Quena Virgen ben servirá…

Quand’ est’ oyu o abade, / teve-o por de mal sen,
e outrossio convento; / mais des que souberon ben
de como fora este feyto, / disseron: Quen oyrá

Quena Virgen ben servirá…

Nunca tan gran maravilla / como Deus por este fez
Polo rogo de ssa Madre, / Virgen Santa de gran prez!
E por aquesto a loemos; / mais quena non loará

Quena Virgen ben servirá…

Mais do’ utra cousa que seja? / Ca, par Deus, dereit’ é,
pois quanto nos lle pedimos / nos dá seu Fill’, a la ffe,
por ela, e aqui nos mostra / o que nos depois dará.»

Quena Virgen ben servirá…

 

Versión (ALFONSO X EL SABIO, Cantigas, Ed. Cátedra, Madrid 2008):
Cómo Santa María hizo permanecer al monje trescientos años oyendo el canto de la avecilla, porque le pedía que le mostrase el bien que disfrutaban los que estaban en el Paraíso.

 

Razón: Quien bien sirviese a la Virgen al Paraíso irá.

 

Cantar: Y sobre esto os quiero contar un gran milagro que hizo Santa María por un monje que siempre le estaba pidiendo que le mostrase cuál era el bien que existe en el Paraíso, y que lo viese en su vida antes de morir. Y mirad qué le hizo la Gloriosa: le hizo entrar en una huerta, en la que ya había entrado muchas veces; pero en aquel día permitió que encontrase una fuente muy clara y muy hermosa, y junto a ella se sentó. Y después que hubo lavado bien sus manos, dijo: «¡Ay, Virgen! ¿cuándo será que yo vea algo del gozo del Paraíso antes de salir de esta vida, lo que yo tanto he pedido, y que sepa qué galardón tendrá el que obra bien?».
Inmediatamente que hubo acabada la oración oyó una avecilla cantar en tan buen son, que se olvidó (se traspuso), sentado y mirando siempre hacia ella. Tanto sabor tuvo de aquel canto y de aquel gorgeo, que estuvo sus buenos trescientos años así, o más, pensando que no habría estado sino poco, como suelen estar los monjes una vez al año, cuando salen al vergel.
Cuando se fue la avecilla, se quedó muy triste y dijo: «Ay, Santa María!, valedme! Este no es mi monasterio, ¿qué será de mí?»
Entró entonces en la Iglesia y los monjes, cuando lo vieron, se asustaron, y el prior le preguntó, diciendo: «Amigo, ¿quién sois o qué buscáis aquí?»
Dijo él: «Busco a mi Abad, que hace poco aquí dejé, y al prior y a los monjes, de quienes me separé ahora mismo cuando fui a la huerta: dónde estén, ¿quién me lo dirá?»
Cuando esto oyó el Abad, lo tuvo por loco, e igualmente el convento; pero luego que supieron bien cómo había ocurrido aquello, dijeron: «¡Quién oirá semejante maravilla como la que Dios ha hecho por éste, a ruegos de su Madre, la Virgen Santa de gran mérito! Por todo esto, alabémosla: pero ¿quién no la alabará más que a otra cosa? Pues, ¡por Dios!, gran derecho es, ya que cuanto le pedimos por Ella a su Hijo nos da, bien cierto es, y aquí nos muestra lo que después nos dará.»


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