En muchos pasajes del Antiguo Testamento Dios exhorta a su pueblo a la fidelidad, apelando a su condición de Creador, de Hacedor del universo. Proponemos algunos de los textos de la Biblia en los que esta idea se expresa con especial fuerza y belleza, la cual inspiró indudablemente a Miguel Ángel al plasmar al Dios Creador y potentísimo de su Capilla Sixtina, pareciendo que nos dice desde lo alto: “Yo soy el Señor, Hacedor de todas las cosas, Yo solo desplegué los cielos, afiancé la tierra: ¿quién había conmigo? (Isaías 44,24)”. Normalmente en estas citas Dios habla en un modo interrogativo al que lo escucha, quizá sin esperar una respuesta, generando un silencio en el oyente (en el litigador, en el que se ha quejado al Omnipotente) que deja patente su impotencia frente a un Dios que no es sólo liberador de la esclavitud de Egipto, sino creador y estructurador del cielo y de la tierra, del universo entero.

Creación de los astros y las plantas, Miguel Ángel, Capilla Sixtina, 1511.

Detalle del rostro de Dios
Proverbios 30,4:
[4] ¿Quién subió a los cielos y volvió a bajar? ¿Quién sujetó el viento con sus manos? ¿Quién envolvió las aguas en un manto? ¿Quién asentó todos los confines de la tierra? ¿Cuál es su nombre y cuál el nombre de su hijo, si es que lo sabes?
Isaías 40, 12-18.26:
[12] ¿Quién midió las aguas con el cuenco de su mano y calculó las proporciones de los cielos con su palmo, encerró todo el polvo de la tierra con un celemín, y pesó las montañas en la báscula y las colinas en la balanza?
[13] ¿Quién trazó planes al Espíritu del Señor, y qué hombre fue su consejero?
[14] ¿A quién pidió consejo para discernir, para que le enseñara el sendero de la justicia, lo instruyese en la ciencia y le mostrase el camino del discernimiento?
[15] Las naciones son como gota en un barreño, pesan como las motas de polvo en los platillos de la balanza; las islas pesan lo que un granito de polvo.
[16] No basta el Líbano para hacer fuego, ni sus animales para el holocausto.
[17] Ante Él, todas las naciones son nada, como nada y vacío cuentan para Él.
[18] ¿Con quién podréis comparar a Dios, y con qué imagen podréis parangonarle?
(…)
[26] Alzad los ojos a lo alto y mirad: ¿quién creó esas cosas? El que hace salir por orden sus ejércitos, y a cada uno llama por su nombre; tan grande es su poder y tanta su fuerza, que ninguno falta.
Isaías 44, 24:
[24] Así habla el Señor, tu Redentor, el que te formó desde el seno materno: “Yo soy el Señor, Hacedor de todas las cosas, Yo solo desplegué los cielos, afiancé la tierra: ¿quién había conmigo?”
Salmo 104, 5-10:
[5] Asentaste la tierra sobre sus bases: no vacilará jamás.
[6] El abismo la cubría como un vestido; sobre los montes permanecían las aguas;
[7] pero huyeron ante tu amenaza, se precipitaron ante el sonido de tu trueno.
[8] Suben los montes, bajan los valles a los lugares que les habías asignado.
[9] Les pusiste un límite: no lo traspasarán, ni volverán a cubrir la tierra.
[10] Tú haces afluir las fuentes en los arroyos, y a través de los montes se abren camino las aguas.
Job 28, 24-26:
[24] Pues Él contempla hasta los confines de la tierra y ve todo lo que existe bajo el cielo,
[25] cuando fijó la fuerza del viento y marcó el volumen de las aguas;
[26] cuando puso límite a las lluvias y trazó el camino a la centella y al trueno.
En último lugar proponemos el bellísimo texto del capítulo 38 del Libro de Job, en el que Dios se dirige a Job como Creador, ante las quejas de éste.
Job, 38:
[1] Entonces el Señor respondió a Job desde el seno del torbellino diciendo:
[2] -¿Quién es ése que enturbia mis designios con palabras sin sentido?
[3] Cíñete la cintura como un hombre, Yo te preguntaré y tú me instruirás.
[4] ¿Dónde estabas cuando Yo cimentaba la tierra? Explícamelo si tanto sabes.
[5] ¿Quién fijó sus dimensiones, si lo sabes, o quien extendió sobre ella el cordel?
[6] ¿Sobre qué se apoyan sus pilares? ¿Quién asentó su piedra angular,
[7] cuando cantaban a una las estrellas matutinas, y aclamaban todos los ángeles de Dios?
[8] ¿Quién encerró el mar con doble puerta, cuando salía a borbotones del seno materno,
[9] cuando le puse las nubes por vestido y por pañales la niebla,
[10] cuando le fijé un límite y le puse cerrojos y puertas,
[11] y le dije: «Hasta aquí llegarás y no más, aquí se romperá la soberbia de tus olas»?
[12] Desde que existes, ¿has mandado a la mañana, has asignado a la aurora su lugar,
[13] para que agarrando los bordes de la tierra sacuda de ella a los malvados?
[14] Ella se transforma como la arcilla de un sello y se colorea como un vestido;
[15] niega la luz a los malvados y se quiebra el brazo altanero.
[16] ¿Has llegado hasta las fuentes del mar, has caminado por el fondo del abismo?
[17] ¿Se te han abierto las puertas de la muerte? ¿Has descubierto las entrañas de las sombras?
[18] ¿Has conocido la extensión de la tierra? Explícamelo si lo sabes todo.
[19] ¿Por qué camino se llega a la luz?, o ¿dónde está la mansión de las tinieblas?
[20] Para que las dirijas hasta sus confines y les enseñes el camino de su morada.
[21] Deberías saberlo. ¡Ya habías nacido y es tan grande el número de tus años!
[22] ¿Has llegado a los depósitos de la nieve? ¿Has descubierto los graneros del granizo,
[23] que tengo reservado para el tiempo de la angustia, para el día de la lucha y la batalla?
[24] ¿Por qué camino se expande la luz, o se extiende por la tierra el solano?
[25] ¿Quién ha abierto un canal al aguacero, y un camino a la centella y al trueno,
[26] para que llueva en zonas sin habitantes, en desiertos donde no hay nadie,
[27] para saturar de agua el yermo desolado y hacer brotar la hierba en la estepa?
[28] ¿Quién es el padre de la lluvia, o quién engendra las gotas del rocío?
[29] ¿De qué vientre nace el hielo?, ¿quién engendra la escarcha del cielo,
[30] cuando el agua se endurece como roca y la superficie del abismo se congela?
[31] ¿Puedes anudar los lazos de las Pléyades o soltar las cuerdas del Orión?
[32] ¿Haces salir las constelaciones a su tiempo, o guías a la Osa con sus hijos?
[33] ¿Acaso conoces las leyes del cielo, o estableces sus prescripciones en la tierra?
[34] ¿Puedes levantar tu voz hasta las nubes, para que caiga una masa de agua sobre ti?
[35] ¿Mandas los relámpagos y vienen a decirte: «Aquí estamos»?
[36] ¿Quién da al ibis sabiduría, quién concede al gallo inteligencia?
[37] ¿Quien tiene ciencia para contar las nubes y quién vuelca los odres del cielo,
[38] cuando el polvo forma una masa y los terrones se aglomeran entre sí?
(…)
Job 39, 1-5:
[1] El Señor interpeló a Job diciendo:
[2] -¿Querrá disputar todavía el censor con el Omnipotente? El que critica a Dios, ¿querrá replicar?
[3] Entonces Job respondió al Señor diciendo:
[4] -He hablado con ligereza, ¿qué podría replicar? Me taparé la boca con la mano.
[5] He hablado una vez y no responderé de nuevo, dos veces y no añadiré más.
Descubre más desde De Arte Sacra
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.