
Finis gloriae mundi, Juan Valdés Leal, 1672
La Vanitas o paso del tiempo es un tema recurrente en el barroco de Juan Valdés Leal. Sus pinturas buscan reflejar una caducidad del tiempo y de las cosas terrenales, que caducan y mueren, y son consideradas como vanidad, como algo que carece de sustancia e importancia ante lo eterno y lo inmutable. Podemos ver en ellas calaveras, cetros, armas, capas, vasos, telas, oros… Todo tipo de objetos obsoletos, muertos, vanos. El libro del Eclesiastés tiene continuas referencias a la vanitas. Los primeros versículos, de los que tomara como referencia el pintor, dicen así:
Eclesiastés 1, 1-7:
[1] Palabras de Qohélet, hijo de David, rey en Jerusalén.
[2] ¡Vanidad de vanidades -dice Qohélet-, vanidad de vanidades, todo es vanidad!
[3] ¿Qué ventaja saca el hombre de todo lo que trabaja bajo el sol?
[4] Generación va y generación viene, pero la tierra permanece siempre.
[5] Sale el sol, y llega el sol jadeando al lugar de donde sale.
[6] Marcha hacia el sur, gira hacia el norte, el viento va dando rodeos y más rodeos, revolviéndose el viento sobre sí mismo.
[7] Todos los torrentes van al mar, pero el mar no se llena, por el cauce por el que discurren los torrentes, vuelven a correr.
La imagen de los ríos que desembocan en el mar de la muerte bien pudieron inspirar al poeta castellano, cuando decía que
Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos,
y llegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.
Por último, me gustaría señalar que la imágenes de la vanitas son imágenes que nos invitan al silencio, hablándonos de unas tormentas y unas algarabías que ya pasaron, dejando paso a la calma y al olvido. En esa línea, se lee en el Libro de Isaías 5,14:
Por eso, el seol ensanchará sus fauces, abrirá su boca descomunal, y bajarán sus nobles y sus plebeyos su bullicio y su alborozo.
Y más tarde (Isaías 24,8):
Cesó el alborozo de los panderos, se acabó el bullicio de los alegres, cesó el alborozo de la cítara.
En esta línea de los ruidos antiguos que ya cesaron, me gustaría copiar otros versos de las Coplas, en las que Jorge Manrique se vale del ubi sunt, tema recurrente en el poeta, y que Valdés Leal también sugiere con su elocuente silencio:
Estos reyes poderosos
que vemos por escrituras
ya pasadas,
con casos tristes, llorosos,
fueron sus buenas venturas
trastornadas.
Así que no hay cosa fuerte,
que a Papas y Emperadores
y Prelados,
así los trata la Muerte
como a los pobres pastores
de ganados.
(…)
Tantos duques excelentes,
tantos marqueses y condes,
y barones,
como vimos tan potentes,
di, Muerte, ¿dó los escondes
y traspones?
Y las sus claras hazañas
que hicieron en las guerras
y en las paces,
cuando tú, cruda, te ensañas,
con tu fuerza las atierras
y deshaces.
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Un comentario en “Finis gloriae mundi”