La fe velada

Probablemente, la definición más conocida de “fe» la encontramos en la Carta a los Hebreos, uno de los escritos de la Biblia, atribuido a San Pablo a partir del siglo IV. Parece ser que dicha carta fue escrita en el siglo II por un cristiano de origen judío, conocedor de la cultura helénica y cercano también a la doctrina y a la vida de San Pablo. En este post nos proponemos relacionar las palabras de San Pablo (y el comentario que Santo Tomás le dedica en la Suma) con otra definición de «fe» dada por un escultor italiano nacido en 1668, Antonio Corradini. Esculpió diversas esculturas que representan a una mujer joven velada. Una de ellas es la fe velada, aunque a nosotros nos servirá la pureza velada (Puritas). De todas formas, es una imagen gráfica de lo que representa creer en lo que no se ve.

 

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Museo del Settecento Veneziano, Ca ‘Rezzonico, Venecia. Antonio Corradini, 1725

 

El capítulo 11 de la citada Carta inicia con dicha explicación (Heb 11, 1):
«La fe es fundamento de las cosas que se esperan, prueba de las que no se ven

En la Suma Teológica, Santo Tomás se pregunta si es adecuada dicha definición del Apóstol (cf. SANTO TOMÁS, Suma Teológica II-II, q.4, a.1). El Aquinate utiliza la siguiente versión de Hb 11, 1: «Est autem fides substantia sperandarum rerum, argumentum non apparentium».

«Aunque afirman algunos que las palabras del Apóstol no definen la fe -explica Santo Tomás-, si se considera con detenimiento, en esa especie de descripción se hace referencia a todos los elementos con que se puede definir la fe, aunque las palabras no estén expresadas en forma de definición

Santo Tomás explica que la cita bíblica viene como dividida en dos partes:

Est autem fides substantia sperandarum rerum (…), donde substantia se entiende como incoación de algo (de la misma forma que los primeros principios indemostrables serían incoación o substantia de la ciencia). La fe es substantia o incoación de las cosas que se esperan. Por tanto, la fe engloba de alguna forma el contenido de la esperanza: lo que se espera está contenido en la fe.

En la segunda parte del versículo, se dice que la fe es argumentum de las cosas non apparentium. Se entiende por argumentum aquello gracias a lo cual el entendimiento es llamado adherirse a una verdad. Entonces, la fe es argumentum pues mueve a la inteligencia. Y ese argumentum, como dice Santo Tomás, no es argumentum implícito en los propios principios de la cosa, sino que viene de la autoridad de Dios (Cuando el argumento se saca de los propios principios de la cosa, hace que ésta se haga evidente. Pero el argumento que se toma de la autoridad divina no hace evidente en sí misma a la cosa. De esta clase de argumento se trata en la definición de la fe).

En conclusión, creer (que es el acto que constituye la virtud de la fe) es adherirse, por un lado, al bien (por la voluntad) y a la verdad (por la inteligencia). La relación del acto de creer con el bien viene expresada en la primera parte del versículo: Est autem fides substantia sperandarum rerum (…). Y la relación del acto de creer con la verdad, por la segunda: (…) argumentum non apparentium.

«Si alguien, pues, quisiera expresar en forma de definición estas palabras, podría decir que la fe es el hábito de la mente por el que se inicia en nosotros la vida eterna, haciendo asentir al entendimiento a cosas que no ve

En esta concepción de fe queda claro que la fe no es sólo una posición intelectual (en la que está implicada la inteligencia) sino que en la fe también queda implicada la voluntad. Además se muestra que no es sólo una virtud humana: si por la fe se inicia en nosotros la vida eterna, es claro que debe haber una actuación de Dios. La vida eterna no puede ser iniciada en alguien que no es eterno, a no ser que quien es eterno tome la iniciativa. Por tanto, en la persona que verdaderamente cree, hay siempre un primer movimiento de Dios (en 1Cor 12, 3 se dice muy claramente: nadie puede decir: «¡Señor Jesús!», sino por el Espíritu Santo).

«Las demás definiciones de la fe –continúa el Aquinate– son explicaciones de la que ofrece el Apóstol. Así, la que ofrece San Agustín: Fe es la virtud por la cual se cree lo que no se ve, y el Damasceno: Fe no es sentimiento razonador, y otros: La fe es la certeza del ánimo de cosas no presentes, sobre la opinión y por debajo de la ciencia, expresan lo mismo que dice al Apóstol: argumento de cosas no vistas. La de Dionisio en De div. nom.: Es el cimiento inmóvil de los creyentes que les asienta en la verdad y se la muestra, coincide con la expresión sustancia de las cosas que esperamos

Para concluir y volver a la escultura de Corradini, me gustaría simplemente apuntar que el velo de la mujer hace referencia a lo que se cree sin ver (argumentum non apparentium); pero el hecho de que sea semitransparente (efecto logrado con la técnica clásica de paño mojado) indica que de alguna forma se entrevé aquello que se espera (substantia sperandarum rerum): como diría Santa Tomás, lo que se espera queda ya incoado.


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