Libera me Domine

Van Der Weyden - El juicio final.jpg

Políptico del juicio final (1444-1450) de Rogier van der Weyden (Hôtel-Dieu, Beaune)

Durante el mes de los difuntos, la Iglesia canta este bello responso que tanto ha inspirado a compositores de todos los tiempos:

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Líbera me, Domine, de morte aetérna, in die illa treménda.
R./ Quando caeli movéndi sunt et terra, dum véneris iudicare saéculum per ignem.
V./ Tremens factus sum ego, et timeo, dum discússio venérit, atque ventúra ira.
R./ Quando caeli movéndi sunt et terra.
V./ Dies illa, dies irae, calamitatis et misérae, dies magna et amára valde.
R./ Dum véneris iudicáre saéculum per ignem.
V./ Réquiem aetérnam dona eis, Dómine: et lux perpétua lúceat eis.

Líbrame, Señor, de la muerte eterna,
en aquel día tremendo.
R./ Cuando se han de conmover los cielos y la tierra,
cuando vengas a juzgar al mundo con el fuego.
V./ Tembloroso estoy y temo,
mientras llegan el juicio y el castigo que ha de venir.
R./ Cuando se han de conmover los cielos y la tierra.
V./ Aquel día, día de ira, de calamidad y de miseria,
día grande y muy amargo.
R./ Cuando se han de conmover los cielos y la tierra.
V./ Dales, Señor, descanso eterno: y la luz eterna les ilumine.

En este canto se pide personalmente la misericordia de Dios de cara al juicio. Quizás su autor se inspiró en el famoso Dies Irae, que también se canta en la misa de difuntos (Sof 1,15-16):
15 Día de ira el día aquel, día de angustia y de aprieto, día de devastación y desolación, día de tinieblas y de oscuridad, día de nublado y densa niebla, 16 día de trompeta y de clamor, contra las ciudades fortificadas y las torres de los ángulos.

Aquí se aprecia claramente el tono apocalíptico que se le da al Último Día, cuando el Señor vuelva y restaure todas las cosas. ¿Cómo es posible contrastar la petición de misericordia de Dios del primer canto con el Día de la Ira? El Salmo 23 arroja un poco de luz a este cuidado que el Señor tiene (Ps 23):

Dominus pascit me nihil mihi deerit
in pascuis herbarum adclinavit me
super aquas refectionis enutrivit me
animam meam refecit duxit me
per semitas iustitiae propter nomen suum
sed et si ambulavero in valle mortis non timebo malum
quoniam tu mecum es virga tua et baculus tuus ipsa consolabuntur me
pones coram me mensam ex adverso hostium meorum inpinguasti oleo caput meum calix meus inebrians
sed et benignitas et misericordia subsequetur me omnibus diebus vitae meae et habitabo in domo Domini in longitudine dierum

Yahveh es mi pastor, nada me falta.
2 Por prados de fresca hierba me apacienta.
Hacia las aguas de reposo me conduce,
3 y conforta mi alma;
me guía por senderos de justicia,
en gracia de su nombre.
4 Aunque pase por valle tenebroso,
ningún mal temeré, porque tú vas conmigo;
tu vara y tu cayado, ellos me sosiegan.
5 Tú preparas ante mí una mesa
frente a mis adversarios;
unges con óleo mi cabeza,
rebosante está mi copa.
6 Sí, dicha y gracia me acompañarán
todos los días de mi vida;
mi morada será la casa de Yahveh
a lo largo de los días.

De este día también hablan dos textos paralelos del Antiguo y Nuevo Testamento: Jr 4 y Mt 4.

Nos describe el profeta Jeremías primero (Jr 4,3-14;4,27-31)
3 Porque así dice Yahveh al hombre de Judá y a Jerusalén: – Cultivad el barbecho y no sembréis sobre cardos. 4 Circuncidaos para Yahveh y extirpad los prepucios de vuestros corazones, hombres de Judá y habitantes de Jerusalén; no sea que brote como fuego mi saña, y arda y no haya quien la apague, en vista de vuestras perversas acciones. 5 Avisad en Judá y que se oiga en Jerusalén. Tañed el cuerno por el país, pregonad a voz en grito: ¡Juntaos, vamos a las plazas fuertes! 6 ¡Izad bandera hacia Sión! ¡Escapad, no os paréis! Porque yo traigo una calamidad del norte y un quebranto grande. 7 Se ha levantado el león de su cubil, y el devorador de naciones se ha puesto en marcha: salió de su lugar para dejar la tierra desolada. Tus ciudades quedarán arrasadas, sin habitantes. 8 Por ende, ceñíos de sayal, endechad y plañid: – «¡No; no se va de nosotros la ardiente ira de Yahveh!» 9 Sucederá aquel día – oráculo de Yahveh – que se perderá el ánimo del rey y el de los príncipes, se pasmarán los sacerdotes, y los profetas se espantarán. 10 Y yo digo: «¡Ay, Señor Yahveh! ¡Cómo embaucaste a este pueblo y a Jerusalén diciendo: “Paz tendréis”, y ha penetrado la espada hasta el alma!» 11 En aquella sazón se dirá a este pueblo y a Jerusalén: – Un viento ardiente viene por el desierto, camino de la hija de mi pueblo, no para beldar, ni para limpiar. 12 Un viento lleno de amenazas viene de mi parte. Ahora me toca a mí alegar mis razones respecto a ellos. 13 Ved cómo se levanta cual las nubes, como un huracán sus carros, y ligeros más que águilas sus corceles. – ¡Ay de nosotros, estamos perdidos! 14 – Limpia de malicia tu corazón, Jerusalén, para que seas salva. ¿Hasta cuándo durarán en ti tus pensamientos torcidos? (…) 27 Porque así dice Yahveh: Desolación se volverá toda la tierra, aunque no acabaré con ella. 28 Por eso ha de enlutarse la tierra, y se oscurecerán los cielos arriba; pues tengo resuelta mi decisión y no me pesará ni me volveré atrás de ella. 29 Al ruido de jinetes y flecheros huía toda la ciudad. Se metían por los bosques y trepaban por las peñas. Toda ciudad quedó abandonada, sin quedar en ellas habitantes. 30 Y tú, asolada, ¿qué vas a hacer? Aunque te vistas de grana, aunque te enjoyes con joyel de oro, aunque te pintes con polvos los ojos, en vano te hermoseas: te han rechazado tus amantes: ¡tu muerte es lo que buscan! 31 Y entonces oí una voz como de parturienta, gritos como de primeriza: era la voz de la hija de Sión, que gimiendo extendía sus palmas: «¡Ay, pobre de mí, que mi alma desfallece a manos de asesinos!»

El profeta advierte que este Último Día se hará justicia y que mientras el pueblo espera debe prepararse con una purificación del corazón.

Mateo nos cuenta el discurso escatológico de Jesús (Mt 24,9-21; 42-51):

9 «Entonces os entregarán a la tortura y os matarán, y seréis odiados de todas las naciones por causa de mi nombre. 10 Muchos se escandalizarán entonces y se traicionarán y odiarán mutuamente. 11 Surgirán muchos falsos profetas, que engañarán a muchos. 12 Y al crecer cada vez más la iniquidad, la caridad de la mayoría se enfriará. 13 Pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará. 14 «Se proclamará esta Buena Nueva del Reino en el mundo entero, para dar testimonio a todas las naciones. Y entonces vendrá el fin. 15 «Cuando veáis, pues, la abominación de la desolación, anunciada por el profeta Daniel, erigida en el Lugar Santo (el que lea, que entienda), 16 entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes; 17 el que esté en el terrado, no baje a recoger las cosas de su casa; 18 y el que esté en el campo, no regrese en busca de su manto. 19 ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! 20 Orad para que vuestra huida no suceda en invierno ni en día de sábado. 21 Porque habrá entonces una gran tribulación, cual no la hubo desde el principio del mundo hasta el presente ni volverá a haberla.

A diferencia de Jeremías, Jesús se dirige no a todo el pueblo de Israel sino a los que le siguen, a su Iglesia, y les exhorta a ser perseverantes hasta ese último día.

42 «Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. 43 Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa. 44 Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre. 45 «¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, a quien el señor puso al frente de su servidumbre para darles la comida a su tiempo? 46 Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. 47 Yo os aseguro que le pondrá al frente de toda su hacienda. 48 Pero si el mal siervo aquel se dice en su corazón: “Mi señor tarda”, 49 y se pone a golpear a sus compañeros y come y bebe con los borrachos, 50 vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, 51 le separará y le señalará su suerte entre los hipócritas; allí será el llanto y el rechinar de dientes.

Jesús identifica este Dies Irae con su venida, y arroja una luz de esperanza. No será simplemente un día de destrucción y muerte: viene el Juez, el Logos, Jesucristo, y Él, que ha salvado a toda la humanidad, juzgará con misericordia y justicia.
Para el cristiano, la muerte no es algo tenebroso y vacío, sino que es el inicio de una nueva vida, se divisa una luz de esperanza. El cristiano espera la salvación en Cristo, pero no se sabe ni el día ni la hora, vendrá como un ladrón, y Cristo espera que éste permanezca en vela. San Pablo en su carta a los Tesalonicenses nos habla de esta venida inesperada (1Ts 5,1-23):

1 En lo que se refiere al tiempo y al momento, hermanos, no tenéis necesidad que os escriba. 2 Vosotros mismos sabéis perfectamente que el Día del Señor ha de venir como un ladrón en la noche. 3 Cuando digan: «Paz y seguridad», entonces mismo, de repente, vendrá sobre ellos la ruina, como los dolores de parto a la que está encinta; y no escaparán. 4 Pero vosotros, hermanos, no vivís en la oscuridad, para que ese Día os sorprenda como ladrón, 5 pues todos vosotros sois hijos de la luz e hijos del día. Nosotros no somos de la noche ni de las tinieblas. 6 Así pues, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios. 7 Pues los que duermen, de noche duermen, y los que se embriagan, de noche se embriagan. 8 Nosotros, por el contrario, que somos del día, seamos sobrios; revistamos la coraza de la fe y de la caridad, con el yelmo de la esperanza de salvación. 9 Dios no nos ha destinado para la cólera, sino para obtener la salvación por nuestro Señor Jesucristo, 10 que murió por nosotros, para que, velando o durmiendo, vivamos juntos con él. 11 Por esto, confortaos mutuamente y edificaos los unos a los otros, como ya lo hacéis. 12 Os pedimos, hermanos, que tengáis en consideración a los que trabajan entre vosotros, os presiden en el Señor y os amonestan. 13 Tenedles en la mayor estima con amor por su labor. Vivid en paz unos con otros. 14 Os exhortamos, asimismo, hermanos, a que amonestéis a los que viven desconcertados, animéis a los pusilánimes, sostengáis a los débiles y seáis pacientes con todos. 15 Mirad que nadie devuelva a otro mal por mal, antes bien, procurad siempre el bien mutuo y el de todos. 16 Estad siempre alegres. 17 Orad constantemente. 18 En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros. 19 No extingáis el Espíritu; 20 no despreciéis las profecías; 21 examinadlo todo y quedaos con lo bueno. 22 Absteneos de todo género de mal. 23 Que El, el Dios de la paz, os santifique plenamente, y que todo vuestro ser, el espíritu, el alma y el cuerpo, se conserve sin mancha hasta la Venida de nuestro Señor Jesucristo.


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