En los Museos Vaticanos, en la misma sala que El Santo Entierro de Caravaggio (1602-1604) se encuentra otro cuadro de un estilo también tenebrista: Las negaciones de San Pedro, atribuido al Pensionante del Saraceni (1610-1620).

Las negaciones de San Pedro, atribuido al Pensionante del Saraceni (1610-1620). Museos Vaticanos.
En el Evangelio de Mateo 26, 69-75 se explica el episodio de las negaciones de Pedro. Empieza el proceso judiciario contra Jesús, ya entrada la noche, y mientras éste es introducido en casa de Caifás (sumo sacerdote) para recibir las diversas acusaciones, Pedro (su más fervoroso discípulo, aquel que luego sería el primer Papa) se queda fuera, a la entrada.
69 Pedro estaba sentado fuera, en el atrio; se le acercó una sirvienta y le dijo:
—Tú también estabas con Jesús el Galileo.
70 Pero él lo negó delante de todos:
—No sé de qué hablas.
71 Al salir al portal le vio otra, y les dijo a los que había allí:
—Éste estaba con Jesús el Nazareno.
72 De nuevo lo negó con juramento:
—No conozco a ese hombre.
73 Un poco después se acercaron los que estaban allí y le dijeron a Pedro:
—Desde luego tú también eres de ellos, porque tu acento lo manifiesta.
74 Entonces comenzó a imprecar y a jurar:
—¡No conozco a ese hombre!
Y al momento cantó un gallo. 75 Y Pedro se acordó de las palabras que Jesús le había dicho: «Antes de que cante el gallo, me habrás negado tres veces». Y salió afuera y lloró amargamente.
Santo Tomás de Aquino, en su Catena Aurea, al comentar este pasaje de Mateo 26, 69-75, cita a San Jerónimo:
Se lee en el Evangelio de San Lucas, que después de la negación de Pedro y el canto del gallo, el Salvador miró a Pedro, y su mirada excitó en él amargo llanto; pues no podía ser que permaneciera en las tinieblas de la negación el que había sido mirado por la luz del mundo. «Y saliendo fuera, lloró amargamente»; pues sentado en el atrio de Caifás no podía hacer penitencia. Por eso que sale fuera del concilio de los impíos, para lavar con lágrimas amargas las manchas de su cobarde negación.
Me parece interesante el diálogo entre la oscuridad del cuadro y la oscuridad de la que habla San Jerónimo. En el cuadro el ambiente es tenebrista, y los rasgos de los personajes no se distinguen muy claramente, especialmente los rasgos faciales de San Pedro. Esto quizá se aprecia mejor viendo el cuadro in situ. San Jerónimo retrata de otra forma dicha oscuridad en la que se encuentra Pedro en ese momento, diciendo que (después del arrepentimiento) no podía ser que permaneciera en las tinieblas de la negación el que había sido mirado por la luz del mundo.
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