Stabat Mater

 

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La Pietà di Michelangelo Buonarroti  (1498-1499), Basílica de San Pedro (Ciudad del Vaticano)

Al escuchar la secuencia Stabat Mater (siglo XIII) es fácil transportarse al momento en que la Madre de Dios se encuentra al pie de la cruz, viendo como su Hijo amado es torturado con la pena capital del momento. Giovanni Battista Pergolesi (1710-1736) se inspiró en este himno para componer su Stabat Mater, una joya de la música:

Stabat Mater dolorosa
Iuxta crucem lacrimosa,
Dum pendebat filius.
Cuius animam gementem
Contristatam et dolentem
Pertransivit gladius.

O quam tristis et afflicta
Fuit illa benedicta
Mater unigeniti
Quae maerebat et dolebat.
Et tremebat, cum videbat
Nati poenas incliti.

Quis est homo qui non fleret,
Matrem Christi si videret
In tanto supplicio?
Quis non posset contristari,
Piam matrem contemplari
Dolentem cum filio?

Pro peccatis suae gentis
Jesum vidit in tormentis
Et flagellis subditum.
Vidit suum dulcem natum
Morientem desolatum
Dum emisit spiritum.

Eja mater fons amoris,
Me sentire vim doloris
Fac ut tecum lugeam.
Fac ut ardeat cor meum
In amando Christum Deum,
Ut sibi complaceam.

Sancta mater, istud agas,
Crucifixi fige plagas
Cordi meo valide.
Tui nati vulnerati
Tam dignati pro me pati,
Poenas mecum divide!

Fac me vere tecum flere,
Crucifixo condolere,
Donec ego vixero.
Juxta crucem tecum stare
Te libenter sociare
In planctu desidero.

Virgo virginum praeclara,
Mihi jam non sis amara,
Fac me tecum plangere.
Fac ut portem Christi mortem,
Passionis eius sortem
Et plagas recolere.

Fac me plagis vulnerari,
Cruce hac inebriari
Ob amorem filii,
Inflammatus et accensus,
Per te virgo sim defensus
In die judicii.

Fac me cruce custodiri,
Morte Christi praemuniri,
Confoveri gratia.
Quando corpus morietur
Fac ut animae donetur
Paradisi gloria.
Amen.

De pie la Madre dolorosa
junto a la Cruz, lacrimosa,
mientras pendía el Hijo.
Cuya ánima gimiente,
contristada y doliente
atravesó la espada.

¡Oh cuán triste y afligida
estuvo aquella bendita
Madre del Unigénito!.
Languidecía y se dolía
la piadosa Madre que veía
las penas de su excelso Hijo.

¿Qué hombre no lloraría
si a la Madre de Cristo viera
en tanto suplicio?
¿Quién no se entristecería
a la Madre contemplando
con su doliente Hijo?

Por los pecados de su gente
vio a Jesús en los tormentos
y doblegado por los azotes.
Vio a su dulce Hijo
muriendo desolado
al entregar su espíritu.

Oh, Madre, fuente de amor,
hazme sentir tu dolor,
contigo quiero llorar.
Haz que mi corazón arda
en el amor de mi Dios
y en cumplir su voluntad.

Santa Madre, yo te ruego
que me traspases las llagas
del Crucificado en el corazón.
De tu Hijo malherido
que por mí tanto sufrió
reparte conmigo las penas.

Déjame llorar contigo
condolerme por tu Hijo
mientras yo esté vivo.
Junto a la Cruz contigo estar
y contigo asociarme
en el llanto es mi deseo.

Virgen de Vírgenes preclara
no te amargues ya conmigo,
déjame llorar contigo.
Haz que llore la muerte de Cristo,
hazme socio de su pasión,
haz que me quede con sus llagas.

Haz que me hieran sus llagas,
haz que con la Cruz me embriague,
y con la Sangre de tu Hijo.
Para que no me queme en las llamas,
defiéndeme tú, Virgen santa,
en el día del juicio.

Cuando, Cristo, haya de irme,
concédeme que tu Madre me guíe
a la palma de la victoria.
Cuando el cuerpo sea muerto,
haz que al ánima sea dada
del Paraíso la gloria.
Amén.

Pero, ¿realmente podemos captar la profundidad de esta escena sin situarnos cerca de la figura de María? A veces se acusa a la Iglesia católica de haber transformado a la Virgen en una cuarta divinidad (si consideramos las tres personas divinas de la Trinidad). Algunos incluso se atreven a afirmar que se ha deformado el mensaje cristiano al ser María el centro. Sin embargo, este razonamiento es sólo una visión superficial: María está en el centro, pero no es el centro del mensaje. El centro es obviamente Cristo, el Misterio pascual, con su muerte y resurrección, y María está situada en el centro en virtud de su maternidad divina, en cuanto su sí, que hace posible la Encarnación.
En otro post hablamos de la llamada y cómo Dios nos ha pensado desde el principio. Dios no sólo da la llamada, sino los medios para llevarla a cabo. Es lógico por tanto que en María estos atributos se den en modo pleno, al ser la que engendra al mismo Dios, al Verbo. Forma parte del diseño divino que María, como Madre de Dios, sea la criatura más perfecta después del mismo Cristo, y que tenga un papel en la historia de la salvación primordial.

Hablamos de sus atributos, pero también es cierto que María no es un alma pasiva: responde al ideal de la santidad cristiana con su sí (Lc 1,38):
38 Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».

No sólo dice sí, sino que acoge y medita sus palabras. María hace suyo el designio salvífico de Yahveh y cómo se concreta en su vida: considera todas las cosas en su corazón (Lc 2,16-19; Lc 2,51):

Con la adoración de los pastores:

16Y vinieron presurosos y encontraron a María y a José y al niño reclinado en el pesebre. 17Al verlo, reconocieron las cosas que les habían sido anunciadas sobre este niño. 18Y todos los que lo oyeron se maravillaron de cuanto los pastores les habían dicho. 19María guardaba todas estas cosas ponderándolas en su corazón.

Y después de encontrar al niño perdido en el Templo:

51Bajó con ellos, vino a Nazaret y les estaba sujeto. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón. 52Y Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia delante de Dios y de los hombres.

Decimos que María está en el centro del Misterio, pues es inseparable de Cristo. Es lógico por tanto que María esté igualmente en las bodas de Canáan (inicio del ministerio público de Jesús) y que sea ella la que interceda para que Jesús obre el milagro, pese a no haber llegado su hora (Jn 2,1-11):

1Al tercer día se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y estaba allí la madre de Jesús. 2También fueron invitados a la boda Jesús y sus discípulos. 3Y, como faltó vino, la madre de Jesús le dijo: —No tienen vino.
4Jesús le respondió: —Mujer, ¿qué nos importa a ti y a mí? Todavía no ha llegado mi hora.
5Dijo su madre a los sirvientes: —Haced lo que él os diga.
6Había allí seis tinajas de piedra preparadas para las purificaciones de los judíos, cada una con capacidad de unas dos o tres metretas. 7Jesús les dijo: —Llenad de agua las tinajas.
Y las llenaron hasta arriba. 8Entonces les dijo: —Sacadlas ahora y llevadlas al maestresala.
Así lo hicieron. 9Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, sin saber de dónde provenía —aunque los sirvientes que sacaron el agua lo sabían— llamó al esposo 10y le dijo: —Todos sirven primero el mejor vino, y cuando ya han bebido bien, el peor; tú, al contrario, has reservado el vino bueno hasta ahora.
11Así, en Caná de Galilea hizo Jesús el primero de los signos con el que manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él.

Como todo escrito de san Juan, no nos podemos quedar sólo con el sentido directo: Juan al seleccionar esta escena para su evangelio quiere enseñarnos como María es la intercesora, pero no simplemente para conseguir que no se acabe el vino en unas bodas: gracias al milagro los discípulos creen que Cristo es el Mesías. Aquí se ve a María como madre de los creyentes, que poniéndose como ejemplo nos dice: Haced lo que él os diga.

Por supuesto, María está también al pie de la cruz. Cuando todos han huido. Cuando nace la Iglesia del costado de Cristo con el agua y la sangre tras la lanzada. Acoge la palabra de Dios no sólo en sus milagros y en su gloria, sino también en el sufrimiento, tan humano, y a la vez tan divino. Y así se cumple la profecía de Simeón (Lc 2,34-35):

34Simeón los bendijo y le dijo a María, su madre: —Mira, éste ha sido puesto para ruina y resurrección de muchos en Israel, y para signo de contradicción 35—y a tu misma alma la traspasará una espada—, a fin de que se descubran los pensamientos de muchos corazones.

Volviendo al inicio, podemos decir que ese estado de Stabat Mater no es algo que pasó, sino que la Virgen, llena de gracia (Cfr. Lc 2), al tener ese corazón tan grande de Madre, experimenta y se identifica plenamente con el dolor y el sufrimiento humano de cada instante, participación de esa Pasión de su Hijo.


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Un comentario en “Stabat Mater

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