
El martirio de Santa Cecilia (ca. 1600), de Stefano Maderno, Basílica de Santa Cecilia in Trastevere (Roma)
Hemos comentado anteriormente algunos aspectos sobre la visión cristana de la muerte. También hace tiempo, hablamos acerca de la coronación del cristiano, el martirio. Esta semana la Iglesia recordó la memoria de la mártir Santa Cecilia, de la escribimos algunas líneas.
La escultura que presentamos de Maderno fue hecha siguiendo el propio cadáver de la santa, encontrado incorrupto al abrir la tumba en 1595. No es una postura idealizada, sino la propia de un cadáver incorrupto, incluso con la evidencia de su decapitación. Como se puede apreciar en el detalle de más abajo, las manos de Cecilia indican el número uno (un Dios) y el tres (la Trinidad).

Santa Cecilia además es patrona de la música (parece ser por un error de traducción de las Actas de Santa Cecilia (480 d.C.)). Desde entonces se la ha representado con el órgano como iconografía. En honor a esta fiesta de los músicos, nos proponemos a comentar brevemente una obra que tiene gran relación con este mes de difuntos: el Requiem de Fauré.
Gabriel Fauré es un miembro destacado de la gran escuela de composición francesa de finales del XIX, precisamente organista de oficio. Fauré, prototipo del hombre romántico y a la vez precursor del Impresionismo (fue maestro, entre otros, de Ravel) era conocido por sus ideas más bien progresistas, también en el campo musical, que combinaba con su formación musical-religiosa. Así podemos entender que diera a luz su Requiem (Op.48), una de las obras cumbres de la música romántica.
En el Requiem, inscrito en la liturgia romana, suele ser celebrado justo antes del entierro o en las misas de conmemoración de los difuntos. Suele tener una estructura estándard que se adapta a la forma litúrgica:
1. Introitus
2. Kyrie
3. Graduale
4. Tracto
5. Sequentia (Dies Irae)
6. Offertorium
7. Sanctus
8. Agnus Dei
9. Communio (Lux Aeterna)
No es el objetivo de este post profundizar sobre cada una de ellas, pero presentamos la estructura típica para confrontarla con el Requiem de Fauré:
1. Introit & Kyrie
2. Offertoire
3. Sanctus
4. Pie Iesu
5. Agnus Dei & Lux Aeterna
6. Libera me
7. In Paradisum
Como podemos observar, Fauré se aleja de la forma litúrgica haciendo desaparecer el Dies Irae (que describe con horror la llegada del Juicio) y añadiendo tres himnos: Pie Iesu (parafraseo del anterior, que invoca la piedad de Jesucristo), Libera me (petición también de misericordia, comentado en otro post) e In Paradisum (situado normalmente después de la Misa, en el entierro, es la descripción de la otra vida en los Cielos):
Pie Iesu Domine, dona eis requiem.
Dona eis requiem sempiternam.
Señor Jesús Piadoso, dáles el descanso.
Dáles el descanso eterno.
In paradisum deducant te Angeli; in tuo adventu suscipiant te martyres, et perducant te in civitatem sanctam Ierusalem.
Chorus angelorum te suscipiat, et cum Lazaro quondam paupere æternam habeas requiem.
Al paraíso te conduzcan los Ángeles; a tu llegada te reciban los mártires, y te conduzcan a la ciudad santa de Jerusalén. El coro de los ángeles te reciba, y con Lázaro otrora pobre tengas el eterno descanso.
Es claro la intención de Fauré con este cambio: muestra una visión de la muerte donde se resalta la misericordia y la gloria de Dios por encima del castigo del Juicio, saber que la muerte no es el fin, sino el inicio de la verdadera vida. El mismo lo escribe comentado su obra:
Se ha dicho que mi réquiem no expresa el miedo a la muerte y ha habido quien lo ha llamado «un arrullo de la muerte». Pues bien, es que así es como veo yo la muerte: como una feliz liberación, una aspiración a una felicidad superior, antes que una penosa experiencia. La música de Gounod ha sido criticada por sus sobreinclinación hacia la ternura humana. Pero su naturaleza le predispone a sentirlo de esa manera: la emoción religiosa toma esta forma dentro de sí. ¿No es necesario aceptar la naturaleza del artista? En cuanto a mi Réquiem, quizás también he querido yo escapar del pensamiento más habitual, ¡después de tantos años acompañando al órgano servicios fúnebres! Me lo sé todo de memoria. Yo quise escribir algo diferente.
Para finalizar, os dejamos la versión de Michel Corboz, interpretando la versión del Requiem de Fauré de 1893. Esta versión para coro y orquesta de cámara pare concordar más con el deseo de su autor, lejos de buscar una interpretación demasiado monumental.
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