La Virgen velada

El capítulo cuarto del Cantar de los Cantares canta la belleza de la amada, y proclama los sentimientos que la esposa despierta en el esposo. Concluye con la imagen del huerto cerrado, como señalando la singularidad del otro en el amor esponsal, así como el respeto y admiración que merece por su dignidad. Este capítulo también puede leerse de forma alegórica, significando la alianza «esponsal» que Dios mantiene con su Pueblo. Alianza que se actualizará en el Nuevo Testamento: el Pueblo es la Iglesia, y las características de la amada se le pueden aplicar. Pero también este capítulo puede leerse como referido a la Virgen María, que posee todas estas cualidades en grado sumo. Los versículos 7 y 12-15 se han aplicado tradicionalmente a María: ella es la Inmaculada, la sin-mancha.

Copiamos seguidamente el capítulo cuarto (16 versículos), aunque en este post nos interesa centrar la atención sobre los primeros versículos, especialmente el primero (Palomas son tus ojos a través de tu velo) y el tercero (Tus mejillas, como cortes de granada a través de tu velo), en el que se habla de la amada como una mujer velada. La escultura es del italiano Giovanni Strazza.

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Giovanni Strazza, La Virgen velada, 1855. Presentation Convent, San Juan de Terranova (Canadá)

[1] ¡Qué bella eres, amada mía, qué bella eres! Palomas son tus ojos a través de tu velo; tu melena, cual rebaño de cabras, que ondulan por el monte Galaad.
[2] Tus dientes, un rebaño de ovejas de esquileo que salen de bañarse: todas tienen mellizas, y entre ellas no hay estéril.
[3] Tus labios, una cinta de escarlata, tu hablar, encantador. Tus mejillas, como cortes de granada a través de tu velo.
[4] Tu cuello, la torre de David, erigida para trofeos: mil escudos penden de ella, todos paveses de valientes.
[5] Tus dos pechos, cual dos crías mellizas de gacela, que pacen entre lirios.
[6] Antes que sople la brisa del día, y se huyan las sombras, me iré al monte de la mirra, a la colina del incienso.
[7] ¡Toda hermosa eres, amada mía, no hay tacha en ti!
[8] Ven del Líbano, novia mía, ven del Líbano, vente. Otea desde la cumbre del Amaná, desde la cumbre del Sanir y del Hermón, desde las guaridas de leones, desde los montes de leopardos.
[9] Me robaste el corazón, hermana mía, novia, me robaste el corazón con una mirada tuya, con una vuelta de tu collar.
[10] ¡Qué hermosos tus amores, hermosa mía, novia! ¡Qué sabrosos tus amores! ¡más que el vino! ¡Y la fragancia de tus perfumes, más que todos los bálsamos!
[11] Miel virgen destilan tus labios, novia mía. Hay miel y leche debajo de tu lengua; y la fragancia de tus vestidos, como la fragancia del Líbano.
[12] Huerto eres cerrado, hermana mía, novia, huerto cerrado, fuente sellada.
[13] Tus brotes, un paraíso de granados, con frutos exquisitos:
[14] nardo y azafrán, caña aromática y canela, con todos los árboles de incienso, mirra y áloe, con los mejores bálsamos.
[15] ¡Fuente de los huertos, pozo de aguas vivas, corrientes que del Líbano fluyen!
[16] ¡Levántate, cierzo, ábrego, ven! ¡Soplad en mi huerto, que exhale sus aromas! ¡Entre mi amado en su huerto y coma sus frutos exquisitos!


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