Puer natus est nobis

barocci-pesepre

El Nacimiento (ca. 1595) de Federico Barocci, Museo del Prado (Madrid)

La Iglesia canta en la Misa de Navidad este hermoso canto como Introito:

Puer natus est nobis,
et fílius datus est nobis:
cuius impérium super húmerum eius:
et vocábitur nomen eius,
magni consílii Angelus.

Cantáte Dómino cánticum novum:
quia mirabília fecit.

Un niño nos ha nacido,
un hijo se nos ha dado;
lleva a hombros el principado,
y es su nombre:
mensajero del designio divino.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.

in_puer_natus

El texto de la antífona es tomado del profeta Isaías (Is 9,5):
5 Porque una criatura nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Estará el señorío sobre su hombro, y se llamará su nombre «Maravilla de Consejero», «Dios Fuerte», «Siempre Padre», «Príncipe de Paz».

Seguido del Ps 97(98),1a:

1 Salmo.
Cantad a Yahveh un canto nuevo,
porque ha hecho maravillas;
victoria le ha dado su diestra
y su brazo santo.

Una versión bastante bella es la de los monjes de Santo Domingo de Silos:

Esta profecía de Isaías apunta directamente a los eventos que reviviremos en estos días, la Encarnación del Hijo de Dios, cumpliéndose la promesa que esperaba el pueblo de Israel. Por medio de la venida al mundo del Hijo, que comparte nuestra humanidad, pasamos a ser también hijos de Dios y se invierte la situación lamentable del hombre: podemos cantar un cántico nuevo. Gracias a esa filiación adoptiva, podemos dirigirnos al Padre con la misma confianza con la que el Verbo se dirige, de la que damos dos muestras:

Ps 138:

Te doy gracias, Yahveh, de todo corazón,
pues tú has escuchado las palabras de mi boca.
En presencia de los ángeles salmodio para ti,
2 hacia tu santo Templo me prosterno.
Doy gracias a tu nombre por tu amor y tu verdad,
pues tu promesa ha superado tu renombre.
3 El día en que grité, tú me escuchaste,
aumentaste la fuerza en mi alma.
4 Te dan gracias, Yahveh, todos los reyes de la tierra,
porque oyen las promesas de tu boca;
5 y cantan los caminos de Yahveh:
«¡Qué grande la gloria de Yahveh!
6 ¡Excelso es Yahveh, y ve al humilde,
al soberbio le conoce desde lejos!»
7 Si ando en medio de angustias, tú me das la vida,
frente a la cólera de mis enemigos, extiendes tú la
mano y tu diestra me salva:
8 Yahveh lo acabará todo por mí.
¡Oh Yahveh, es eterno tu amor,
no dejes la obra de tus manos!

Mt 11,25-30:
«Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. 26 Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. 27 Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. 28 «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. 29 Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. 30 Porque mi yugo es suave y mi carga ligera».


Descubre más desde De Arte Sacra

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario