[2] -Levántate y baja a casa del alfarero. Allí te comunicaré mis palabras.
[3] Bajé a casa del alfarero y lo encontré haciendo un trabajo en el torno.
[4] Cuando se estropeaba en manos del alfarero la vasija de barro que estaba haciendo, volvía a hacer otra vasija, según le parecía bien hacer al alfarero.
[5] La palabra del Señor se dirigió a mí diciendo:
[6] -¿Es que no puedo hacer Yo con vosotros, casa de Israel, como este alfarero? -oráculo del Señor-. Como el barro en manos del alfarero, así sois vosotros en mi mano, casa de Israel.
[7] Unas veces, hablo de arrancar, destruir o aniquilar a propósito de una nación o un reino.
[8] Pero si esa nación, contra la que Yo había hablado, se convierte de su iniquidad, Yo también me arrepiento del mal que había pensado hacerle.
[9] Otras veces, hablo de edificar o plantar a propósito de una nación o un reino.
[10] Pero si comete iniquidad a mis ojos, sin escuchar mi voz, Yo también me arrepiento del bien del que había hablado hacerle.
[11] »Ahora, pues, habla a los hombres de Judá y a los habitantes de Jerusalén, diciéndoles: «Esto dice el Señor: «Yo plasmo una desgracia contra vosotros, medito un designio contra vosotros: que cada uno se convierta de su mal camino, enmendad vuestros caminos y vuestras obras».
Alfarero trabajando en el torno, según un grabado de Daniel Chodowiecki, hacia 1770
Reproducimos un grabado del conocido ilustrador polaco Daniel Chodowiecki, que en 1797 llegó a ser Director de la Academia de Artes de Berlín, así como el más prestigioso artista gráfico de la Alemania de su tiempo. Aunque estrictamente no sea una obra de carácter religioso -ciertamente la temática de Dios-alfarero no ha sido muy explorada en las artes plásticas- nos vale para ilustrar las palabras de Jeremías, que describen una escena que se ajusta perfectamente al ambiente que reproduce el grabado. Así como Jeremías contempla en tercera persona el trabajo del alfarero, el espectador también puede contemplar en este grabado la silenciosa escena que nos ofrece Chodowiecki.
Por último, me gustaría poner en contacto el trabajo del alfarero -la relación entre el alfarero y su barro- con la relación paterno-filial que Dios establece con su Pueblo, muy bien plasmada en el libro de Isaías 64, 7:
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