Virgin of consolation

bouguereau-virgin-of-consolationWilliam-Adolphe Bouguereau. Virgin of Consolation. 1877. Musee des Beaux-Arts, Strasbourg, France.

En el libro de Baruc hay un bello canto de 20 versículos en el que la Jerusalén desolada se lamenta por la pérdida de sus hijos, deportados en Babilonia por Nabucodonosor. Como han anunciado los profetas, el pecado del Pueblo es la verdadera causa del destierro (es decir, su apartamiento de Dios). Esta figura toma especial relieve en el Nuevo Testamento, cuando la Virgen se lamenta por la pérdida de su Hijo, muerto (desterrado) por el pecado de los hombres. La Virgen, «nueva Jerusalén», lugar donde el Señor permanece, se lamenta por el verdadero apartamiento de Dios, el pecado de sus hijos, que ha logrado desterrar a Jesucristo, crucificándolo.

Baruc 4, 9-29:
[9] Pues ella vio la ira de Dios que os sobrevenía, y dijo: «Escuchad, ciudades vecinas de Sión, Dios me ha traído una gran pena;
[10] pues he visto la cautividad de mis hijos y mis hijas, que el Eterno ha traído sobre ellos.
[11] Yo los había criado con gozo, pero los despedí con llanto y duelo.
[12] Que nadie se alegre por mi suerte, si soy viuda y abandonada de muchos. Estoy desolada por los pecados de mis hijos, porque se desviaron de la Ley de Dios;
[13] no conocieron sus obras de justicia, ni anduvieron por los caminos de los mandamientos de Dios, ni entraron en las sendas de la disciplina según su justicia.
[14] Que vengan las vecinas de Sión, y recuerden la cautividad de mis hijos y mis hijas, que el Eterno les ha traído;
[15] porque ha hecho venir a ellos un pueblo lejano, una nación insolente y de extraña lengua, que no tienen respeto al anciano, ni misericordia con los niños;
[16] que se han llevado a los hijos amados de la viuda y la han dejado sola, sin sus hijas.
[17] »Pero, yo ¿en qué puedo ayudaros?
[18] Es el que os trajo los males, el que os librará de la mano de vuestros enemigos.
[19] Marchaos, hijos, marchaos, porque me han dejado desierta.
[20] Me he quitado el vestido de paz, y me he puesto el saco de súplica: clamaré al Eterno todos mis días.
[21] Tened ánimo, hijos, clamad a Dios, y os librará del dominio, de la mano de los enemigos.
[22] Pues yo espero del Eterno vuestra salvación, y que del Santo me venga la alegría, por la misericordia que pronto os llegará de parte del Eterno, vuestro Salvador.
[23] Os despedí con gemidos y llanto, pero Dios os devolverá a mi con gozo y alegría para siempre.
[24] Pues, como ahora las vecinas de Sión contemplan vuestro cautiverio, así pronto contemplarán vuestra salvación de parte de Dios, la que os vendrá con gran gloria y resplandor del Eterno.
[25] Hijos, soportad con paciencia la ira que ha venido sobre vosotros de parte de Dios. Tu enemigo te perseguirá, pero tú verás pronto su ruina y les pisarás el cuello.
[26] Mis tiernos hijos anduvieron por caminos ásperos, acosados como un rebaño arrebatado por los enemigos.
[27] Tened ánimo, hijos, clamad a Dios, porque el que os llevó fuera se acordará de vosotros.
[28] En vez de intentar apartaros lejos de Dios, ahora, una vez convertidos, multiplicad por diez vuestros esfuerzos en buscarle;
[29] porque el que os trajo desgracias os traerá la felicidad eterna junto con vuestra salvación».

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