
Cristo con 33 años de Heinrich Hofmann (1824-1911)
Jesucristo era perfecto Dios, pero también perfecto hombre. El amor que el Verbo tenía por todos los hombres, que llegó a sus últimas consecuencias con su entrega en la Cruz, se concretaba, como es lógico, también corporalmente, en su mirada, que dirigía a cada hombre en particular con el que se fue cruzando durante su vida terrena. En el Evangelio encontramos tres ejemplos que son muy ilustrativos de esta mirada de Amor:
El episodio del joven rico (Mc 10,17-22)
17Cuando salía para ponerse en camino, vino uno corriendo y, arrodillado ante él, le preguntó: —Maestro bueno, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?
18Jesús le dijo: —¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino uno solo: Dios. 19Ya conoces los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no dirás falso testimonio, no defraudarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre.
20—Maestro, todo esto lo he guardado desde mi adolescencia —respondió él.
21Y Jesús fijó en él su mirada y quedó prendado de él. Y le dijo: —Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo. Luego, ven y sígueme.
22Pero él, afligido por estas palabras, se marchó triste, porque tenía muchas posesiones.
La vocación de Mateo (Lc 5,27-28):
27Después de esto, salió y vio a un publicano, llamado Leví, sentado al telonio, y le dijo: —Sígueme.
28Y, dejadas todas las cosas, se levantó y le siguió.
Jesús mira a Pedro después de haberle traicionado (Lc 22,54-62):
54Después de apresarlo, se lo llevaron y lo metieron en casa del sumo sacerdote. Pedro le seguía de lejos. 55Habían encendido fuego en medio del atrio y estaban sentados alrededor. Pedro estaba sentado en medio de ellos. 56Una criada, al verlo sentado a la lumbre, fijándose en él dijo: 57—También éste estaba con él.
Pero él lo negó: 58—No lo conozco, mujer.
Al poco tiempo, viéndole otro dijo: —Tú también eres de ellos.
Pero Pedro replicó: —Hombre, no lo soy.
59Y pasada como una hora, otro aseguró: —Cierto, éste estaba con él, porque también es galileo.
60Y dijo Pedro: —No sé, hombre, lo que dices.
Y al instante, cuando todavía estaba hablando, cantó un gallo. 61El Señor se volvió y miró a Pedro. Y recordó Pedro las palabras que el Señor le había dicho: «Antes que cante el gallo hoy, me habrás negado tres veces». 62Y salió afuera y lloró amargamente.
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