El carro de heno

carro de henoEl carro de heno, El Bosco, 1516, Museo del Prado, Madrid

El mundo es como un carro de heno, y cada uno coge lo que puede, reza un proverbio flamenco, situado en la sala donde se encuentran expuestas las obras de El Bosco, en el Museo del Prado de Madrid. En la Escritura se encuentran al menos dos referencias explícitas a la flor del heno, que se agosta con facilidad, como imagen para representar la futilidad del hombre.

La primera la encontramos en Isaías 51, 12, cuando habla Dios diciendo:
Yo, Yo mismo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú para que temas a un hombre mortal, a un hijo de hombre que se seca como el heno?

Y la otra en el Salmo 103 (Vg 102), después de que se cante la gloria del Señor:
[15] ¡El hombre! Como el heno son sus días: florece como flor silvestre;
[16] sobre él pasa el viento y no subsiste, ni se reconoce más su sitio.
[17] Pero la misericordia del Señor dura desde siempre y para siempre con los que le temen; y su justicia, con los hijos de los hijos.

Lógicamente, tanto El carro de heno como El jardín de las delicias, del mismo pintor, entrañan una visión de la materia y del mundo, me atrevería a decir, un tanto negativa: el mundo es pecado, heno, futilidad; y acaba en la condenación. Existen, por tanto, dos formas de remarcar, en el «primer» renacimiento -por llamarlo así- la distancia entre materia y espíritu: o bien idealizando las figuras hasta llegar a un plácido misticismo (Fra Angelico) o bien mostrando la degradación del pecado que corrompe el mundo, con una ausencia -a veces poco esperanzadora- del componente espiritual/redentor (Bosch).

E aquí algunos detalles del Carro de heno.


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