El triunfo de la Eucaristía

El triunfo de la Eucaristía_Murillo
El triunfo de la Eucaristía, Murillo 1662-65, colección particular

Parece que el mandato de Jesucristo en la Última Cena («Haced esto en conmemoración mía») es como un eco del mandato que le había dado su misma Madre tres años antes en Caná. Efectivamente, en la boda a la que asistieron Jesucristo y su Madre, el vino se agotó, y la Virgen indicó a los criados que obedecieran a su Hijo, para que obrara su primer milagro, que convertiría el agua en vino. En este nuevo y definitivo milagro -la Eucaristía- Jesús convierte el antiguo vino en su misma sangre. Por ello sugiere Juan Pablo II una estrecha conexión entre los dos episodios, gracias a la Virgen María.

53. (…) La relación de María con la Eucaristía se puede delinear indirectamente a partir de su actitud interior. María es mujer «eucarística» con toda su vida. La Iglesia, tomando a María como modelo, ha de imitarla también en su relación con este santísimo Misterio.
54. Mysterium fidei! Puesto que la Eucaristía es misterio de fe, que supera de tal manera nuestro entendimiento que nos obliga al más puro abandono a la palabra de Dios, nadie como María puede ser apoyo y guía en una actitud como ésta. Repetir el gesto de Cristo en la Última Cena, en cumplimiento de su mandato: «¡Haced esto en conmemoración mía!», se convierte al mismo tiempo en aceptación de la invitación de María a obedecerle sin titubeos: «Haced lo que él os diga» (Jn 2, 5). Con la solicitud materna que muestra en las bodas de Caná, María parece decirnos: «no dudéis, fiaros de la Palabra de mi Hijo. Él, que fue capaz de transformar el agua en vino, es igualmente capaz de hacer del pan y del vino su cuerpo y su sangre, entregando a los creyentes en este misterio la memoria viva de su Pascua, para hacerse así “pan de vida”». (JUAN PABLO II, Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia, n. 53-54)

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