Sofía

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Icono de santa Sofía, Iglesia de santa Sofía de Novgorod (Rusia)

El libro del Apocalipsis nos habla de una misteriosa mujer a la que se le dan dos alas de águila (Ap 12,13-17):

13 Cuando el Dragón vio que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la Mujer que había dado a luz al Hijo varón. 14 Pero se le dieron a la Mujer las dos alas del águila grande para volar al desierto, a su lugar, lejos del Dragón, donde tiene que ser alimentada un tiempo y tiempos y medio tiempo. 15 Entonces el Dragón vomitó de sus fauces como un río de agua, detrás de la Mujer, para arrastrarla con su corriente. 16 Pero la tierra vino en auxilio de la Mujer: abrió la tierra su boca y tragó el río vomitado de las fauces del Dragón. 17 Entonces despechado contra la Mujer, se fue a hacer la guerra al resto de sus hijos, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús.

Podemos hacer una profunda interpretación de esta escena que se nos presenta en el icono gracias a las palabras de Hugo Rahner:

La teología rusa de la transfiguración ha encontrado profundamente simbolizada María y la Iglesia, vistas como una única cosa, en los iconos de la sabiduría divina realizadas sobre el ejemplo del gran icono puesto sobre el altar de la Iglesia de S. Sofía de Novgorod y veneradas en toda Rusia. La figura femenina alada de la santa sabiduría que sobresale en el círculo del cosmos resplandeciente de estrellas, tiene sobre sí la imagen del Logos hecho hombre y a su lado las figuras que forman la síntesis de la antigua y la nueva revelación de la Palabra, Juan Bautista y María que lleva a Cristo. El conjunto es dominado por la liturgia celeste de la eternidad plegada por seis ángeles. Cuando se ha interpretado el origen y el sentido original de este icono en la tardía mística rusa, se ha visto siempre en la figura de Sofía abrazando el mundo, no sólo el Verbo de Dios existente desde la eternidad, sino también toda la realización de la llegada de la salvación establecida en el Logos desde la eternidad: la transformación del universo en la transfiguración original que tiene su inicio en María y la Iglesia. En la figura de santa Sofía se ve también a María y en ésta a la Iglesia y en ésta el alma del salvado que lentamente se transfigura en el ascenso místico-ascético.
María – la Iglesia – el alma: ésta es la «gran mujer con las alas de águila» que se eleva hacia la transfiguración celeste en virtud de su mística asimilación al Logos que reina sobre todo, que se ha hecho hombre y que nos ha dado la Palabra de salvación de la Revelación, en gracia de la cual nosotros los hombres podremos tomar parte en la liturgia celeste de los coros angélicos. Por esto, una interpretación rusa del siglo XVI de este icono dice: «Sobre santa Sofía, la sabiduría divina, que es la Iglesia de Dios, la purísima madre de Dios: he aquí el alma fecunda de aquellos que son colmados de Dios, la indecible pureza de la virginidad y la realización de la humilde sapiencia. Sobre la cabeza tiene a Cristo: porque la cabeza de la sabiduría es el Hijo, el Verbo de Dios. Sobre el Señor se despliega el cielo, porque ha plegado el cielo cuando la Sabiduría descendió en la Pureza virginal. Y todos aquellos que aman la pureza son semejantes a la Madre de Dios, porque ha generado al Hijo, el Verbo de Dios, el Señor Jesucristo. Pero aquellos que aman la virginidad conciben palabras que generan hijos: es decir, enseñan a aquellos que no entienden. Estos son amados por el precursor, por el Bautista que bautizó al Señor, porque Él indicó el camino para la virginidad, enseñando la vida austera en Dios. Y sus pies se apoyan sobre una piedra, porque «sobre esta piedra edificaré mi Iglesia». (Hugo Rahner, Maria e la Chiesa, p.99, traducción propia).

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