La advocación de María como Divina Pastora tiene ciertas referencias bíblicas, aunque en la Escritura se aplica el oficio de pastor directamente a Dios, pastor de Israel. Quizá podemos encontrar una conexión algo más «directa» con la Virgen en el libro del Génesis. Raquel es considerada frecuentemente en la tradición de la Iglesia como figura o imagen de la Virgen, tema que no desarrollaremos en este post. De todas formas, en Génesis 20, 9 se dice que llegó Raquel con las ovejas de su padre, pues era pastora.
Mucho más tarde, en el siglo XVIII, el tema de la Virgen como Divina Pastora se retoma con mucha fuerza en el barroco andaluz.
Divina Pastora, Bernardo Lorente Germán, hacia 1732, Museo del Prado, Madrid
Doscientos años antes, San Juan de Ávila –Apóstol de Andalucía- se dirigía a sus oyentes con las siguientes palabras:
«¡Cristianos! Ovejas sois de Jesucristo, y Él es vuestro pastor. ¡Oh dichosas ovejas que tienen tal pastor! (…). También las mujeres de aquel tiempo, como era Rebeca y Lía y Raquel y otras muchas, denotaban a la Virgen sin mancilla, que después de Jesucristo no ha habido otra pastora, ni hay quien así guarde las ovejas de Jesucristo. Y pues aquí somos venidos para ser apacentados de la palabra de Dios, y la Virgen sin mancilla es nuestra pastora después de Dios, supliquémosle que nos apaciente, alcanzándonos gracia; y para más la obligar ofrezcámosle la salutación angélica diciendo con devoción Ave, María.»
(SAN JUAN DE ÁVILA, Sermón 15, 1, en Obras Completas, BAC, Madrid 2000, t. III, p. 207)
Divina Pastora, Alonso Miguel de Tovar, 1720, Colección Carmen Thyssen-Bornemisza (Málaga)
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