Apóstol de Apóstoles

Reni - MariaMagdalena
La Magdalena penitente (1635) de Guido Reni, Walters Art Museum (Baltimore)

Hoy, en el día de su fiesta, queríamos hablar de la persona de María Magdalena. Dejando de lado las polémicas recientes instigadas por el Código da Vinci (para su contestación me remito al libro Descondificando a Da Vinci), nos interesa ver a María de Magdala desde las fuentes legítimas al caso, es decir, desde la Sagrada Escritura y la Tradición viva de la Iglesia, que no son otra cosa que el testimonio más cercano de aquellos que la conocieron personalmente, el testimonio de los primeros cristianos.
 

No sin razón el Papa Francisco ha querido que se le dé mayor importancia litúrgica, llamándola Apóstol de Apóstoles (más información). El concepto de apóstol no se reduce al de ser uno de los Doce elegidos por Jesús, ni tampoco es extendible a todo discípulo: se trata, como su propia etimología indica, de ser testigo. Pero, ¿testigo de qué? El Apóstol es el testigo del evento más importante, central, del Misterio cristiano: la Resurrección. Por eso tiene sentido que Pablo o Esteban, aún no siendo de aquellos primeros que vivieron con Jesús, puedan ser llamados Apóstoles.
 

A partir de aquí se plantean una serie de preguntas si queremos profundizar en la persona de María de Magdala. ¿Qué sabemos de ella antes de la Resurrección? ¿Por qué Jesús (que evidentemente siendo Dios no deja cabos sueltos) decide que la primera persona que le verá resucitado sea precisamente ella, y no Pedro, la piedra de la Iglesia, o Juan, el discípulo amado, o incluso María su madre (certeza, esta última, que sin embargo han tenido tantos autores espirituales, pero no corroborada por la Escritura)?
 

La bendición que Dios concede a la humanidad (incluso tras haber pecado, tras haberla rechazado) por medio de Jesús tiene unas características muy concretas. Es un don, y por el hecho de serlo no permite una apropiación por parte del hombre, que por otro lado es lo que nos sale instintivo. Dios en esta línea se sirve de los sencillos, de los débiles, de aquellos que socialmente no cuentan, para mostrar que él es el único propietario de esta bendición que salva.
 

María Magdalena (Myryam significa amada de Dios, y también excelsa, elevada, elegida) tiene en este sentido un lugar especial pensado por Dios desde siempre: primero la había rescatado de espíritus malignos en Galilea, y ella había correspondido siguiéndole y sirviéndole (Cf. Mt 27,55; Mc 15,41; Lc 8,2). Formaba parte de ese grupo llamado de las «Santas Mujeres», que servían al maestro en sus necesidades (papel, frente a los Doce, bastante oculto, pero no menos importante: esta reflexión la dejamos para otro post). Luego siguió a Jesús hasta Jerusalén, donde, a diferencia de los discípulos, tuvo el valor de permanecer junto al crucificado, junto a María su madre y otras mujeres, y (exceptuando en Juan) aparece siempre la primera en ser mencionada. Cuando el cuerpo de Jesús es introducido en el sepulcro es una de las que está allí observando, y por último, aparece en los cuatro evangelios en las escenas relativas a la Resurrección (lo cual no es nada fácil). Con todo esto, podríamos decir que María de Magdala es una personificación de aquel «resto de Israel» que permanece fiel al Señor.
 

Como decíamos, María Magdalena es Apóstol de Apóstoles. Y esto significa que es testigo de testigos, porque es la primera, según los Evangelios, en ser testigo ocular del evento de la Resurrección, y por la que los Doce y los demás discípulos acceden a este evento (Cf. Lc 24,10; Jn 20,11). El hecho de que sea Apóstol de Apóstoles se basa fundamentalmente en la Aparición personal que tiene de Jesús (Cf. Mc 16,9; Jn 20,11). Antes, junto a otras mujeres ha ido a embalsamar al Maestro, pero el hecho de que el cadáver no esté no es prueba de la Resurrección, la fe de María en este sorprendente evento aparece «por derribo» por la propia manifestación de Jesús, y después va a anunciarlo a los discípulos.
 

Es curioso que, siendo la Resurrección algo tan novedoso, tan difícil de creer, y por otro lado tan fundamental para el anuncio cristiano, sea éste testimoniado en primer lugar por una sola mujer, que en aquel entonces no tenían voz ni voto (dice Ratzinger en Jesús de Nazareth que ni podían ni dar testimonio ante el juez) y que haya trascendido a toda la humanidad de la manera en que lo ha hecho. Ésta es María de Magdala.


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Un comentario en “Apóstol de Apóstoles

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