La Creación, compendio de la Salvación

De alguna forma, la entera Historia de la Salvación está compendiada en el Génesis, el primer libro de la Biblia. Más concretamente, en el relato de la Creación. Aquí nos fijaremos en algunos de los elementos más importantes. En primer lugar, el mismo concepto de creación: Dios «hace» todas las cosas ex nihilo —es decir, de la nada—, y no a partir de algún otro elemento preexistente (Gn 1, 1-31). Por otro lado, aunque la revelación del Dios Trino tiene lugar en el Nuevo Testamento, ya en el Génesis podemos vislumbrar como una «huella» de que Dios subsiste en tres personas: el plural mayestático que utiliza el mismo Dios en su discurso (Gn 1, 26). Otro elemento primordial del relato es la creación del hombre y la mujer a la “imagen y semejanza» de Dios (cf. también Gn 1, 26). Y la mujer, de la costilla de Adán (cf. Gn 2, 21-23).
La tentación de la serpiente y el pecado es otro elemento importante (Gn 3, 1-7), así como la promesa de una Mujer de la que saldrá un linaje que aplastará a la serpiente (Gn 3, 15), y que reconciliará el mundo caído con Dios.
Todos estos elementos los que podemos individuar en el propio relato de la creación que ofrece Bradi Barth, una artista canadiense contemporánea, con una marcada influencia de Hieronymus Bosch.

creationThe Holy Trinity in the creation of Eve, Bradi Barth, The Magnificat collection, Canadá

Y estos mismos elementos pone en juego el gran teólogo San Anselmo de Canterbury en el diálogo con su discípulo Bosón, para demostrarle que ese linaje victorioso (Cristo) nacerá de una Mujer virgen, María, la Madre de Dios.

A.— De cuatro modos puede Dios hacer al hombre: o del hombre y mujer, como es corriente; o ni de hombre ni mujer, como Adán; o de hombre sin mujer, como hizo a Eva; o de mujer sin varón, como nunca lo ha hecho. Y para demostrar que también este modo le es factible, nada más conveniente que saque ese hombre que buscamos de la mujer sin intervención del varón. En cuanto a si es más digno que esa mujer sea o no virgen, no es necesario discutirlo, sino que sin vacilación ninguna hay que afirmar que es conveniente que Dios nazca de una virgen.

B.— Hablas según el agrado de mi corazón.

A.— ¿Es esto algo solido o aéreo y sin fundamento, como las nubes, según nos echan en cara los infieles?

B.— Nada más sólido.

A.— Así debes considerarlo en efecto, no como una fábula, sino como una verdad sólida, y decir que, así como el pecado del hombre y la causa de nuestra condenación comenzó por una mujer, así la medicina del pecado y la causa de nuestra salvación debe provenir de una mujer; y para que las mujeres no desesperen de llegar a la recompensa de los bienaventurados, ya que tanto mal procedió de una de ellas, es conveniente que, para reforzar su esperanza, proceda también de una mujer tan gran bien. Advierte también esto. Si la causante de tanto mal era virgen, mucho más conviene que lo sea la causante de todo bien. Y además esto: Si la mujer que Dios sacó del varón sin mujer, fue creada de uno virgen, también es conveniente que el hombre que salga de la mujer sin concurso del varón proceda de una mujer virgen. Pero basta ya de comparaciones que demuestren que Dios hombre debe nacer de una mujer virgen.

B.— Por cierto que esas comparaciones son muy hermosas y razonables.
(SAN ANSELMO, Cur Deus homo, II, 9, en Obras completas de San Anselmo, t. I, BAC, Madrid 1952, pp. 839-841)

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