The Holy Trinity in the creation of Eve, Bradi Barth, The Magnificat collection, Canadá
A.— De cuatro modos puede Dios hacer al hombre: o del hombre y mujer, como es corriente; o ni de hombre ni mujer, como Adán; o de hombre sin mujer, como hizo a Eva; o de mujer sin varón, como nunca lo ha hecho. Y para demostrar que también este modo le es factible, nada más conveniente que saque ese hombre que buscamos de la mujer sin intervención del varón. En cuanto a si es más digno que esa mujer sea o no virgen, no es necesario discutirlo, sino que sin vacilación ninguna hay que afirmar que es conveniente que Dios nazca de una virgen.
B.— Hablas según el agrado de mi corazón.
A.— ¿Es esto algo solido o aéreo y sin fundamento, como las nubes, según nos echan en cara los infieles?
B.— Nada más sólido.
A.— Así debes considerarlo en efecto, no como una fábula, sino como una verdad sólida, y decir que, así como el pecado del hombre y la causa de nuestra condenación comenzó por una mujer, así la medicina del pecado y la causa de nuestra salvación debe provenir de una mujer; y para que las mujeres no desesperen de llegar a la recompensa de los bienaventurados, ya que tanto mal procedió de una de ellas, es conveniente que, para reforzar su esperanza, proceda también de una mujer tan gran bien. Advierte también esto. Si la causante de tanto mal era virgen, mucho más conviene que lo sea la causante de todo bien. Y además esto: Si la mujer que Dios sacó del varón sin mujer, fue creada de uno virgen, también es conveniente que el hombre que salga de la mujer sin concurso del varón proceda de una mujer virgen. Pero basta ya de comparaciones que demuestren que Dios hombre debe nacer de una mujer virgen.
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