Copiamos el extracto de un artículo publicado en la revista mariológica Scripta de Maria, acerca de la Virgen de Nazareth como modelo de mujer contemplativa. Nos interesa subrayar el paralelismo entre la «última» mirada de María a Cristo muerto y la «primera» mirada de María al Jesús recién nacido, treinta y tres años atrás. La imagen que presentamos, a partir de dos cuadros de Alonso Cano, es una composición nuestra.
Composición de la imagen: Alonso Cano, La Piedad, 1660, Museo Cerralbo, España (detalle) y Alonso Cano, Virgen con el Niño, 1646-50, Museo del Prado (detalle)
La Palabra de Dios en el corazón de María y de la Iglesia
«María fue viviendo los acontecimientos que siguieron a la muerte del Señor: el descenso de la cruz y la deposición en el sepulcro, envolviendo el cuerpo de Jesús con una “sábana”: “Después de descolgarle, (José de Arimatea) le envolvió en una sábana y lo puso en un sepulcro excavado en la roca en el que nadie había sido puesto todavía” (Lc 23,53). María, una vez más, siguiendo su actitud habitual, relacionó lo que veía, con otros hechos de la vida de Jesús y con las profecías: “Lo envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada” (Lc 2,7)[1]
La comparación entre el seno de María y el sepulcro ha servido a los autores espirituales posteriores para invitar a la intimidad con Cristo: “Tras nos anduviste desde que naciste del vientre de la Virgen, y te tomó en sus brazos, y te reclinó en el pesebre, hasta que las mismas manos y brazos de ella te tomaron, cuando te quitaron muerto de la cruz, y fuiste encerrado en el santo sepulcro como en otro vientre”[2]»
Notas
[1] Un escritor oriental describe a la Virgen Dolorosa, ante el sepulcro, pidiendo a su Hijo que lo pueda acoger de nuevo en sus entrañas para sepultarlo en su corazón: “¿Por qué no puedo esculpir para ti un sepulcro más secreto, y poder acogerte de nuevo en mis entrañas y sepultarte en mi corazón?” (Simeón Metafraste –c. 1000– , Vida de María, Homologion, 964-965). “¡Mientras tu costado quedaba abierto, al mismo tiempo quedaba traspasado mi corazón!… He muerto contigo y he sido sepultada contigo” (Simeón Metafraste, El llanto de María: PG 114, 201-217).
[2] San Juan de Ávila (+1569), Audi filia, cap. 69. Todos los momentos de la pasión y de la sepultura repercutían en su Corazón; por esto, aunque con su “cuerpo se iba alejando del sepulcro, mas el Corazón se quedaba dentro” (Sermón 67)
Extracto: JUAN ESQUERDA BIFET, La Palabra de Dios en el corazón de María y de la Iglesia, en Scripta de Maria. Revista del Instituto Mariológico de Torreciudad, serie II, t. VIII, Barbastro 2011, pp. 251-252
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