La mano de Dios o La Creación, Auguste Rodin, 1896, Musée Rodin
Según el Libro del Génesis, el hombre (varón y mujer) está hecho a imagen y semejanza de Dios mismo. Esto queda señalado explícitamente desde el primer capítulo del libro sacro: «Dijo Dios: -Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza.»[1] Más tarde, cuando Adán (el primer hombre) engendra a su hijo Set, la Escritura indica que la generación del hijo es también a imagen y semejanza del padre: «Tenía Adán ciento treinta años cuando engendró un hijo a su imagen, según su semejanza, y le puso por nombre Set.»[2] De tal forma, como el Nuevo Testamento confirmará[3], el hombre es a imagen y semejanza de Dios en cuanto que es hijo de Dios. La filiación, tanto en el plano divino como en el humano, se da en imagen y semejanza. Podríamos decir que toda paternidad es imagen y semejanza de Dios, de la paternidad de Dios; pues en definitiva, toda paternidad tiene su origen en Dios mismo[4]. Por tanto, podemos afirmar que el matrimonio –la unión del hombre y la mujer en una sola carne[5]– constituye una de las imágenes más preciosas del mismo Dios, de la misma Trinidad. «El matrimonio es un signo precioso, porque «cuando un hombre y una mujer celebran el sacramento del matrimonio, Dios, por decirlo así, se “refleja” en ellos, imprime en ellos los propios rasgos y el carácter indeleble de su amor. El matrimonio es la imagen del amor de Dios por nosotros. También Dios, en efecto, es comunión: las tres Personas del Padre, Hijo y Espíritu Santo viven desde siempre y para siempre en unidad perfecta. Y es precisamente este el misterio del matrimonio: Dios hace de los dos esposos una sola existencia»[6].»[7] Marido y mujer son igualmente imagen y semejanza de Dios, pues «en efecto, participan del poder creador de Dios»[8]
La mano de Dios o La Creación, Auguste Rodin, 1896, Musée Rodin
Nos ha parecido muy gráfico ilustrar este post con la mano de Dios de Rodin, que representa al Creador sosteniendo al hombre y a la mujer, unidos. No deja de ser significativo que el material con el que está esculpida la mano de Dios es el mismo con el que están tallados los esposos, como naciendo del mismo Dios, brotando de la Trinidad, del mismo mármol, hechos a su imagen y semejanza.
Acabamos con otras palabras del Papa Francisco en la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia, 2016, citando la relación final del Sínodo sobre la Familia: «(…) En la familia humana, reunida en Cristo, está restaurada la “imagen y semejanza” de la Santísima Trinidad (cf. Gn 1,26), misterio del que brota todo amor verdadero. De Cristo, mediante la Iglesia, el matrimonio y la familia reciben la gracia necesaria para testimoniar el Evangelio del amor de Dios»[9]
Notas
[1] Génesis 1, 26.
[2] Génesis 5, 3.
[3] Cf. Carta a los Gálatas 4, 4-6.
[4] Cf. Carta a los Efesios 3, 14-15.
[5] Génesis 2, 24.
[6] Catequesis (2 abril 2014): L’Osservatore Romano,ed. semanal en lengua española, 4 de abril de 2014, p. 16.
[7] PAPA FRANCISCO, Exhortación Apostólica Amoris Laetitiae, n. 121, Vaticano 2016.
[8] JUAN PABLO II, Carta Apostólica Mulieris Dignitatem, n. 18.
[9] Sínodo de la Familia, 2016. Relación final, n. 38, citado en la Exhortación Apostólica Amoris Laetitiae, Vaticano 2016.
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