Alejandro Cañada, Piedad, 1966, Zaragoza, colección particular
El Dios de Israel se presenta como la Roca firme, sobre la que está asentado su pueblo: «¡Viva el Señor! ¡Bendita sea mi Roca! ¡Exaltado sea el Dios de mi salvación!»[1]. El tema de la Roca es tan frecuente en la Biblia, que puede considerarse uno de los principales tags con los que el pueblo hebreo –y los cristianos– se dirigen a su Dios, como ya comentamos en otro post.
Uno de los libros de la Sagrada Escritura que hace referencia a la Roca es el Cantar de los Cantares. Hay un versículo ciertamente misterioso –y por ello de los más conocidos y comentados– que dice: «Paloma mía, en los huecos de las peñas, en los escondites de los riscos, muéstrame tu cara, hazme escuchar tu voz: porque tu voz es dulce, y tu cara muy bella»[2]. En una primera lectura, es el amado que se dirige a la amada. En una segunda interpretación, más profunda, es Dios que se dirige al alma. Sobre estas palabras han gravitado numerosos teólogos y santos, identificando los riscos y peñas con Cristo, y los huecos y escondites con sus llagas. Santo Tomás de Aquino afirma que «la paloma hace su nido en las hendiduras de la roca. Esto corresponde al don de fortaleza, por la que los santos ponen su nido, es decir, su refugio y su esperanza, en las llagas de la muerte de Cristo, que es la roca firme»[3].
San Bernardo tiene dos bellísimos sermones sobre las llagas del Señor[4], y en ellos desarrolla esta misma idea, con mucha fuerza: «Otro[5] comentarista expuso el tema de «los huecos de la peña», asemejándolos a las llagas de Cristo. Con toda propiedad, porque la roca es Cristo. Buenos son esos huecos si afianzan la fe en la resurrección y la divinidad de Cristo[6]. ¡Señor mío y Dios mío![7], dijo Tomás. ¿Dónde se inspira este oráculo sino en los huecos de la peña? Allí el gorrión ha encontrado una casa y la tórtola un nido donde colocar sus polluelos[8]; allí se torna paloma y mira intrépida al gavilán que revuela a su alrededor. Por eso dice: Paloma mía que anidas en los huecos de la peña[9]. Y la paloma exclama: Me alzó sobre la roca[10]. Y también: Me ha levantado sobre la roca[11]»[12]. San Bernardo, de alguna forma, “se aprovecha” de la herida que abrieron los verdugos de Cristo, para refugiarse precisamente dentro: «el clavo penetrante se ha convertido para mí en llave que me ha descubierto la voluntad del Señor. ¿Por qué no he de mirar a través de esa hendidura?»[13]. Pienso que esta idea tan clara de reutilizar el clavo asesino de los crucificadores en llave de refugio expresa y cumple ese viejo anhelo de Job, suplicado tantos años antes de que llegara Cristo, proféticamente: «¡Quién me diera poder escribir mis palabras! ¡Quién me diera poderlas grabar sobre bronce! ¡Y con punzón de hierro y plomo esculpirlas en la roca para siempre! Bien sé yo que mi defensor vive y que Él, el último, se alzará sobre el polvo.»[14]. Ese mismo defensor es el que dio la llave mágica a los hombres de todos los tiempos, para entrar en la salvación, en la misericordia. Ese defensor es Dios mismo, y la llave son los punzones de hierro de los hombres, los mismos clavos, los mismos pecados: «el receptáculo de la misericordia es nuestro pecado. Así de sencillo.»[15] De tal forma, si el pecado es la llave para entrar en esas llagas, en esa misericordia, el “movimiento de mano” que tiene que hacer el hombre para abrir esa cerradura es muy sencillo: pedir perdón. Y «Dios no se cansa de perdonar, somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón.»[16]
Notas
[1] Salmo 18, 47
[2] Cantar de los Cantares 2, 14
[3] Santo Tomás, Suma Teológica III, q. 39, a 6
[4] PAPA FRANCISCO, Meditación en el Retiro espiritual impartido con ocasión del Jubileo de los Sacerdotes, Roma, 2 de junio de 2016
[5] Alius: nempe S. Gregorius Magnus, Super Cant., II, 15, PL 79, 499D, vel potius Aponius, Explanat. in Cant., lib. IV, ed. H. Bottino-I. Martini, Romae 1843, p. 82.
[6] 1 Cor 10, 4
[7] Io 20, 28
[8] Ps 83, 4
[9] Cant 2, 14
[10] Ps 26, 6
[11] Ps 39, 3
[12] SAN BERNARDO, Sermones sobre el Cantar de los Cantares. Sermón 61, I. 3, en Obras completas de San Bernardo, vol. V, BAC, Madrid 1984, pp. 766-775.
[13] SAN BERNARDO, op. cit., Sermón 61, II. 4
[14] Job 19, 23-25
[15] PAPA FRANCISCO, Meditación en el Retiro espiritual impartido con ocasión del Jubileo de los Sacerdotes, Roma, 2 de junio de 2016
[16] ídem
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