Cristo y la samaritana, Alonso Cano, 1601-1667, Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando
En la conversación con la samaritana en el pozo de Sicar, parece que Cristo enlaza con la tradición del «agua» del Antiguo Testamento. Y es que el agua es uno de los trending topics de la Biblia. El agua que mana de las fuentes es agua que calma la sed, que da vida. Esta agua puede ser retenida, almacenada en aljibes o pozos. Sin embargo, Dios condena los aljibes agrietados. Dios dice: «Mi pueblo ha cometido dos males: me abandonaron a mí, fuente de aguas vivas, y se cavaron aljibes, aljibes agrietados, que no retienen el agua (Jeremías 2, 12-13)». De tal forma, se establece una antítesis: lo lleno de agua está lleno de la vida de Dios, y lo seco está muerto. Los aljibes secos representan, de alguna forma, el interior de los hombres, su corazón. El corazón de los israelitas puede estar lleno de vida (lleno de agua); o bien puede estar seco, agostado: entonces «se hace añicos como un jarro de alfarero destrozado sin piedad, entre cuyos trozos no se encuentra tiesto para recoger fuego del hogar ni sacar agua del aljibe (Isaías 30, 14)». Uno de los pasajes más significativos es la “Pasión de Jeremías”: el profeta es maltratado por hablar en nombre de Dios a los hombres de su tiempo; lo castigan, de forma paralela a como castigarán más tarde a Cristo: «Agarraron entonces a Jeremías y lo echaron en el aljibe de Malquías, príncipe real, que está en el atrio de la guardia. Bajaron a Jeremías con cuerdas, pues en el aljibe no había agua sino lodo, y Jeremías se hundió en el lodo (Jeremías 38, 6)». De tal forma, el aljibe seco sería una representación –ya no sólo del pecado– sino de todo aquello malo, de todo aquello que aparta de Dios, de todos aquellos lugares en los que no penetra la vida de Dios, y, por tanto, no puede haber esperanza. Por contraste, “salir del pozo” es una imagen de la salvación: «En cuanto a ti, por la sangre de tu alianza, sacaré a los cautivos del aljibe sin agua (Zacarías 9, 11)». La imagen, por último, de las aguas que llenan los pozos, es la figura del cumplimiento de las promesas de Dios: «Ezequías fortificó su ciudad, llevó el agua dentro de ella; a hierro perforó la roca y construyó aljibes para el agua (Eclesiástico 48, 19)».
Acabamos con un paralelismo interesante entre dos libros bien distantes en el tiempo: las promesas del Deuteronomio (antes de que el pueblo entrara en la tierra prometida) se cumplen en el relato de Nehemías, cuando el pueblo ya se ha establecido en la tierra.
| Deuteronomio 6, 10-12 | Nehemías 9, 23-25 |
| Una vez que el Señor, tu Dios, te haya introducido en la tierra que juró a tus padres Abrahán, Isaac y Jacob que te daría, | Sus hijos se multiplicaron como las estrellas del cielo y los trajiste a la tierra que habías prometido a sus padres que iban a tomar en posesión (…).
|
| con ciudades grandes y hermosas que tú no has edificado, | Conquistaron ciudades fortificadas y suelo fértil, |
| con casas llenas de toda clase de bienes que tú no has allegado, | poseyeron casas llenas de bienes, |
| con aljibes ya cavados que tú no has fabricado, | aljibes ya cavados, |
| viñedos y olivares que tú no has plantado | viñas y olivos, y cantidad de árboles frutales. |
| y de los que, sin embargo, comerás y te saciarás | Comieron, se saciaron, engordaron y se deleitaron con tus ingentes bienes |
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