El mar tiene ojos azules

No sé de qué color tendría los ojos la Santísima Virgen. Quizá Sandro Botticelli sí lo sabría. De todas formas, es patente que muchos se han dirigido a Ella como mar o como estrella del mar. Y el mar es azul. San Juan Damasceno, en un diálogo figurado con el sepulcro de María (en la Fiesta de la Asunción), se pregunta dónde está la Virgen, ese «océano de curaciones»[1]. Tradiciones más antiguas, como el himno Akathistos, saludan así a María: «¡Salve, oh Mar que sumergió al Faraón espiritual!».

san baernabé botticelliBotticelli, SandroPala de San Bernabé (detalle), 1448, Galeria Uffizi

 

Parece ser que el mismo nombre de María, al que los estudiosos llegan a atribuir más de 70 orígenes etimológicos diferentes[2],  puede significar precisamente mar, en algunas de esas acepciones: D. Gregorio Alastruey habla de “María” como Gota del mar[3] y también como «Mar amargo; mar, porque es océano de todas las gracias y dones del Espíritu Santo; mar amargo, por los dolores acerbísimos que sufrió en la pasión y muerte de su Hijo; por lo cual San Buenaventura dice: «María es mar abundando en las gracias y amarga compadeciendo con su Hijo (In speculo, c. I)» (…) Estrella del mar, porque la Santísima Virgen muestra la luz en el cielo a los que navegan en medio de esta vida procelosa y dirige su curso con el ejemplo de sus virtudes y con su patrocinio[4]

Hay otro libro de las Sagradas Escrituras que habla de un manantial de aguas vivas aplicado a una mujer. Se trata del Cantar de los Cantares, en el que el amado se dirige a la amada[5] en estos términos: «¡Oh fuente de los huertos, manantial de aguas vivas, arroyos que bajan del Líbano! (Cantar de los Cantares 4, 15)»; y continúa: «Tus dos ojos, los estanques de Jesbón junto a las puertas de Bat-Rabim (Cantar de los Cantares 7, 5)».

 

0_1df749_41752e37_X4LBotticelli, SandroLa Virgen, Cristo, San Juan Bautista y un ángel (detalle), 1499-1500

 

Notas


[1] San Juan Damasceno, Homilía sobre el tránsito de la Virgen nuestra Señora, en D. Francisco Caminero (curavit), Los santos Padres, colección escogida de sus homilías y sermones, Propaganda Católica, Madrid, 1879, Tomo V, p. 223

[2] JUAN LUIS BASTERO DE ELEIZALDE, La vida de María hasta la Anunciación, en Scripta de Maria. Revista del Instituto Mariológico de Torreciudad, Serie II, número VIII, Barbastro 2011, pp. 222-225

[3] Cf. D. GREGORIO ALASTRUEY, Tratado de la Virgen Santísima, BAC, Madrid 1952, p. 8

[4] Ídem, p.9

[5] El amado habla así a su amada después de haberla llamado huerto cerrado, palabras que tradicionalmente se han aplicado a la virginidad de María, especialmente en la época patrística


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