
Lotto, Lorenzo – Pala di San Bernardino, 1521, Bergamo, Italia.
Son muchísimas las imágenes que representan a Santa María entronizada, con el Niño en su regazo: Perugino, Botticelli, Lotto, Rafael, Lippi, etc. Esas pinturas bien pueden llevarnos a pensar que el verdadero trono del Niño no es la piedra sino María, la Madre de Jesús, que lo acoge, lo trae al mundo, lo muestra a todos. Jesús reina, por decirlo así, entronizado en María, que es asiento de la Sabiduría. De todas maneras, en esas imágenes no desaparece la silla o el trono de piedra en el que Ella está sentada. ¿Qué o quién podría ser ese trono sino la misma alma cristiana, en la que la Virgen se asienta, y desde la que reina? Este asentarse de la Virgen en el alma humana tiene un fundamento bíblico: en el momento de la crucifixión, antes de morir, Jesús entrega Santa María al discípulo Juan, que la acoge como Madre. Es como el testamento del Redentor. Dice el Evangelio: «desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa» (Juan 19,27). Y al respecto, comenta San Juan Pablo II: «Esta afirmación quiere decir con certeza que al discípulo se atribuye el papel de hijo y que él cuidó de la Madre del Maestro amado. Y ya que María fue dada como madre personalmente a él, la afirmación indica, aunque sea indirectamente, lo que expresa la relación íntima de un hijo con la madre. Y todo esto se encierra en la palabra «entrega». La entrega es la respuesta al amor de una persona y, en concreto, al amor de la madre. La dimensión mariana de la vida de un discípulo de Cristo se manifiesta de modo especial precisamente mediante esta entrega filial respecto a la Madre de Dios, iniciada con el testamento del Redentor en el Gólgota. Entregándose filialmente a María, el cristiano, como el apóstol Juan, «acoge entre sus cosas propias» a la Madre de Cristo y la introduce en todo el espacio de su vida interior, es decir, en su «yo» humano y cristiano: «La acogió en su casa».(JUAN PABLO II, Encíclica Redemptoris Mater, Vaticano 1987, n. 45)»
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Gracias. Y su blog es una maravilla! Kenza.
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