Los Tres Templos

Es conocido el pasaje del Antiguo Testamento en el que Jacob, animado por su padre Isaac, inicia un viaje hacia Padán – Aram, con el fin de encontrar esposa en la casa de su pariente Labán. En mitad de la travesía, Jacob se recuesta sobre una roca y se duerme profundamente, soñando con una escalera enorme que va del cielo a la tierra. Cuando se despierta, conmovido, decide llamar Bet-el a ese lugar (que significa casa de Dios), y erige una estela. Ese sueño supone, para el patriarca, un encuentro con Dios, en el que Yahvé ratifica la alianza que selló con su abuelo Abrahán. Finalmente, Jacob continúa su marcha, y no volverá a tener experiencia directa de Dios hasta mucho tiempo más tarde.

 

La escena, pues, es conocida. Algunos autores, como hemos señalado en otros posts, han leído ese sueño en clave mariana. Ahora nos proponemos leer en clave mariana la entera escena, encontrando aún más paralelismos entre la escena de Bet-el y Santa María. Para ello nos serviremos de un cuadro de la Presentación de la Virgen en el Templo. A continuación, reproducimos el texto del Génesis en el que se relata la experiencia de Jacob en Bet-el, para luego indicar los paralelismos de la mano una obra de Tiziano.

Jacob partió de Berseba y se dirigió a Jarán. Al llegar a un cierto lugar, se dispuso a pasar allí la noche porque se había puesto el sol; tomó una piedra de aquel lugar y, colocándosela como cabecera, se acostó allí mismo. Entonces tuvo un sueño: una escala apoyada sobre la tierra tenía la cima tocando el cielo, y los ángeles de Dios subían y bajaban por ellaEl Señor estaba sobre ella y le dijo:

-Yo soy el Señor, el Dios de tu padre Abrahán, el Dios de Isaac; voy a darte a ti y a tu descendencia la tierra sobre la que estás acostado. Tu descendencia será como el polvo de la tierra, te extenderás al este y al oeste, al norte y al sur, y en ti y en tu descendencia serán bendecidos todos los pueblos de la tierraYo estaré contigo y te guardaré donde quiera que vayas, haciéndote volver a esta tierra, pues no te abandonaré hasta que haya cumplido lo que te he dicho.

Cuando Jacob despertó del sueño, exclamó: –El Señor está realmente en este lugar y yo no lo sabía. Y lleno de temor añadió:

-¡Qué terrible es este lugar! Esto no es sino la casa de Dios y la puerta del cielo.

Se levantó Jacob muy de mañana y, tomando la piedra que había colocado de cabecera, la erigió como estela y derramó aceite sobre ella. Y llamó a aquel lugar Betel (aunque al principio el nombre de la ciudad era Luz). Entonces Jacob hizo un voto diciendo:

-Si Dios está conmigo y me guarda en este viaje que hago, si me proporciona pan para comer y ropa para vestirme, y vuelvo con bien a casa de mi padre, el Señor será mi Dios. Esta piedra que he erigido como estela será una casa de Dios, y de todo lo que me concedas te ofreceré el diezmo.

Génesis 28, 10-22

tiziano 1

Tiziano  – Presentación de la Virgen, 1534-1539, Academia de Venecia.

En primer lugar, cabe señalar, en todas las pinturas que abordan el tema de la Presentación de la Virgen, la presencia imponente de la escalera del Templo, en paralelismo con la del sueño de Jacob. Algunos pintores retratan a los ángeles que subían y bajaban por ella. Otros muchos no, como es el caso de Tiziano. En el relato del Génesis, el Señor estaba sobre la escalera. En los cuadros de la presentación lo está el sumo sacerdote, representante del Señor. Dios habla a Jacob acerca de la descendencia: y en la Presentación queda claro que María es la portadora de la auténtica descendencia prometida por Dios: el Mesías salvador de Israel. El serán bendecidos todos los pueblos de la tierra del sueño de Jacob recuerda al canto de María: todas las generaciones me llamarán bienaventurada. Se habla de la tierra prometida. Muchos autores ven en la Virgen esa tierra prometida por Dios, el lugar donde Cristo nace, donde Dios se encarna, y hacia el que converge la salvación (Cf. ANTONIO DUCAY, La prediletta di Dio, Aracne, Roma 2013, p. 72). Incluso algunos teólogos han hablado de María como tierra bendita[1], parterre de aromas santos[2], etc. Jacob también señala que El Señor está realmente en este lugar: y lo estuvo en el vientre de María. A continuación, Jacob habla de ese sitio como puerta del cielo, expresión paralela al Oh feliz puerta del Cielo que se le canta a la Virgen en el himno del Ave Maris Stella. Jacob habla de Betel (casa de Dios), y la Iglesia tradicionalmente ha aplicado estos términos a Santa María: casa de Dios, templo de Dios. El verdadero Templo representado en el cuadro de Tiziano, es en realidad el vientre de la Virgen. Finalmente, Jacob erige una piedra como estela, como monumento, que años más tarde se transformará en uno de los centros religiosos más potentes de Israel: el templo de Betel. Esa piedra, casa de Dios, bien puede estar simbolizada en la pirámide que suele aparecer en el fondo de los cuadros que representan la Presentación.

En definitiva, es como si quisiera decirse que la construcción de Jacob, el santuario de Betel, tiene su continuidad en el Templo de Jerusalén, y culmina con el verdadero templo que es Santa María. Estos tres templos se pueden apreciar claramente en el cuadro.

tiziano 4Santuario de Betel

 

 

tiziano 3Templo de Jerusalén

 

tiziano 2Santa María

 

Notas


[1] SAN FRANCISCO MARÍA FASANI, Mariale. Introduzione allegorico-spirituale del Cantico dei Cantici (Francesco Costa curavit), Padua 1986, cap. II, n. 21, p. 67; citado en JUAN LUIS BASTERO DE ELEIZALDE, El Espíritu Santo y María, EUNSA, Navarra 2010, p. 253

[2] EGBERTO DE SCHÖNAU, In nativitate Beatae Mariae Virginis, PL 95, 1514), citado en Idem, p. 147


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