La huida

Rembrandt_1627

Rembrandt – La huida a Egipto, 1627

 

Los antiguos, desde los evangelios apócrifos, hicieron de la «huida a Egipto» un cuadro casi idílico: la Madre y el Hijo sobre el borriquillo que lleva del ronzal el Padre, atravesando regiones de cuento, escoltados por los ángeles, saludados por palmeras que se inclinan; socorridos por fuentes que brotan milagrosamente. Nosotros entendemos mejor la huida a Egipto, confrontándola con las recientes «huidas», como una pálida y nerviosa anticipación, no del Calvario, sino del Huerto: presentimiento, miedo, sudor de sangre. «¿Vienen ya? ¿No vienen?» Todo eso que ha inspirado tantas páginas de la literatura moderna, desde el Diario de Ana Frank Exodo de León Uris. Los que saben lo que es aguardar toda una noche espiando si se oyen o no en la escalera los pasos fatídicos; los que conocen el horror del «se acercan»; el suspiro de «por esta noche, nos hemos salvado», comprenderán mejor lo que, en aquella atropellada huida a Egipto, María guardaba en su corazón.
(José María Pemán, Lo que María guardaba en su corazón, Rialp, Madrid 1967, pp. 74-75)

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