
Malevich, Kazimir – Blanco sobre blanco, 1918, MoMA
María sonriendo
subió la escalinata del templo,
ofreció en sacrificio un par de palomas baratas
de copete democrático,
ay, si fuera rica ofrecería el cordero más dulce.
Envuelto en nubecillas vaporosas de incienso,
el levita roció a María con agua lustral
y rezó por ella y por su hijo.
La purísima purificada,
la blancura pintada de blanco,
plata sobre plata.
Joaquin Antonio Peñalosa, Copa del mundo. Cántigas de Santa María, Joan Boldó i Climent Editores, Querétaro 1995, pp. 31-32
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