Giuseppe Sanmartino – Cristo Velato, 1753, Cappella Sansevero, Napoli
HOY es el día de la soledad suprema,
de la tristeza, la vorágine, la nada.
El día del dios-ha-muerto y la incertidumbre.
Hoy es el día de dejarse llenar por el vacío,
hacerse ateos y clamar por las injusticias que dios
nos ha legado, aunque no exista.
Hoy es el día de las preguntas sin respuesta,
del dios indolente ante las súplicas,
mudo y sordo ante el desgañitado el mundo.
Hoy es la angustia, lo inhóspito del cosmos
al que hemos sido arrojados, sin propósito,
sin esperanza, sin horizonte, sin consuelos.
Hoy es el absurdo, la fragilidad, la ausencia
que amenaza con desgarrar ese cuerpo inerte
y desenmascarar la parodia de lo divino.
Hoy es el día de asomarse al abismo
y sostener la mirada con la actitud soberbia de los
. cínicos.
Hoy son las llagas de los escépticos que contemplan
el incontestable silencio de la tumba, asintiendo
ante los hechos: la muerte es la última derrota.
Hoy somos las biografías álgidas de soldados
. modernos
que han clavado la lanza, pero han huido.
Hoy es el día del dios-cero, escoria y víctima,
el que muere, polvo y ceniza, peregrino en el averno.
Hoy dios, así minúsculo, es nosotros, ellos, todos,
es menos aún de lo ahora somos:
la
casi
. nada,
cadáver macilento
exangüe
frío.
Marcela Duque, Bello es el riesgo, Rialp, Madrid 2019, pp. 35-36
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