Verbum

Escher, Maurits CornelisVerbum, 1942, colección particular. Italia.

Maurits Cornelis Escher es, según mi opinión, uno de los mayores dibujantes de la historia. Y no sólo por su dominio de la geometría, sino también por la profundidad filosófica de sus propuestas. Una de ellas es la gran litografía Verbum (1942). Tuve la oportunidad de verla en persona, en Barcelona, el pasado mes de agosto. El lienzo es un hexágono de unos 60 centímetros de diámetro. Impacta la precisión con la que están representados todos los detalles. En el centro del cuadro hay un pequeño hexágono en el que queda inscrita la palabra Verbum (que, precisamente, significa Palabra en latín). Ese Verbum brilla con unos rayos que llenan ese hexágono central. Dicho hexágono está dividido en 6 triángulos, de los cuales nace todo el cuadro. Los 6 triángulos se transforman en aves, peces y sapos, en un recorrido desde el centro hasta el perímetro. Es, como diría Escher, una metamorfosis de unas formas tan abstractas como los triángulos equiláteros (en el centro), en otras formas absolutamente orgánicas, como son los citados animales, situados en el perímetro. Merece la pena recorrer visualmente la litografía para experimentar esa transformación. La composición central (triángulos que se transforman en animales) conforma, a su vez, un gran hexágono, delimitado por algunos paisajes diurnos y nocturnos, que se encuentran en las esquinas del cuadro (mundo celeste, mundo terrestre y mundo marino). Todo eso, finalmente, queda enmarcado en otro hexágono, que enmarca el lienzo. Como el hexágono es un polígono que cierra el espacio, el cuadro de Escher transmite ciertamente una idea de expansión indefinida. En otras palabras: como el cuadro tiene forma hexagonal, podríamos poner a su alrededor otros hexágonos, cuantos quisiéramos, y llenaríamos una pared solo con ellos. No necesitaríamos de otras formas geométricas. Podríamos concluir que Escher representa magistralmente la idea de expansión indefinida, así como la idea de transformación, de evolución, de metamorfosis.

Pero hay algo más. No nos olvidemos la palabra que da título al cuadro, y que Escher sitúa en el centro: Verbum. De alguna manera, Escher señala el Verbum como el origen de todo. Verbum es el origen del espacio y del tiempo. Del espacio, pues del Verbum nacen todos los animales, así como los paisajes en los que estos habitan. Del tiempo, pues estos animales siempre están por duplicado: en negro sobre fondo blanco (día), y en blanco sobre fondo negro (noche). Este recurso puede adivinarse en otras obras del dibujante holandés. El Verbum es centro y origen del espacio y del tiempo. Centro y origen de la vida. Pero es importante señalar que las cosas no evolucionan a partir del Verbum como por emanación. Todos los animales emanan de los triángulos centrales, pero no del Verbum. El Verbum está literalmente escrito encima de esos triángulos. Son los triángulos los que evolucionan. No el Verbum. Es interesante notar que los triángulos son 6, en referencia a los 6 días de la creación. El Verbum, decíamos, es el centro y el origen, pero es de una naturaleza muy distinta al resto. In principio erat Verbum. En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio junto a Dios (Evangelio de Juan 1, 1-2). Al inicio solo Él. Sólo el Verbum y nada más. Por eso es distinto del resto. Todo se hizo por él, y sin él no se hizo nada de cuanto ha sido hecho (Juan 1, 3). Él es el origen de todo. El Verbum es creador. En él estaba la vida (Juan 1, 4). El Verbum es el origen del espacio y del tiempo. Y es también el origen de la vida. Todo lo viviente participa de su Vida.

El cual [Verbum] es la imagen del Dios invisible, primogénito de toda creación, porque en él fueron creadas todas las cosas en los cielos y sobre la tierra, las visibles y las invisibles, sean los tronos o las dominaciones, los principados o las potestades. Todo ha sido creado por él y para él. Él es antes que todas las cosas y todas subsisten en él (Carta a los Colosenses 1, 15-17).

El Verbum (Logos, en griego) es creador. Por tanto es centro y origen. Y todo ha sido creado por él y para él, como dice la Biblia. Por tanto, es el Verbum (Logos), quién implanta una lógica en el mundo, una inteligibilidad, una Sophia que permite desentrañar, precisamente, las leyes que conforman dicho mundo. Escher descubre y se admira ante las leyes geométricas del mundo, del que el Verbum es su creador. El Verbum ha pronunciado una palabra sobre el mundo. Una palabra que ordena y da sentido a dicho mundo. Pero, en último término, es una palabra de luz: …y la vida [del Verbum] era la luz de los hombres. Y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la recibieron. (…) El Verbo era la luz verdadera, que ilumina a todo hombre, que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo se hizo por él, y el mundo no le conoció. (Juan 1, 4-5. 9-10).

Por esa razón el cuadro está incompleto. Es el retrato de un mundo que no conoció la luz. Hay animales de todo tipo (celestes, terrestres y marinos), pero no hay hombres ni mujeres, no hay personas representadas. El cuadro de Escher es el retrato de un mundo que participa de la luz del Verbum, pero sin conocerla de verdad ni aceptarla como Vida. Es el retrato de un mundo que no se confrontó con esa luz. Los animales pueden moverse en la luz, pero el verdadero receptáculo de la luz son las personas, que pueden aceptarla, conocerla, entrar en su lógica. Y para las personas, tal luz es Vida: y la vida era la luz de los hombres (Juan 1, 9).

Por eso en el cuadro de Escher no hay hombres. Y por tanto es el retrato de un mundo al que falta, paradójicamente, su destinatario: el hombre, las personas. De todas maneras, volviendo al inicio, decíamos que el cuadro de Escher sugiere una expansión indefinida. Vemos un hexágono, pero podríamos colocar otros muchos a su lado. ¿No podríamos ser nosotros, de alguna manera, esos hipotéticos hexágonos que llegarían a completar la obra de Escher? ¿No seremos nosotros, espectadores del 2021, el destino final del mundo representado por Escher, el destino final de un Verbum que querría irradiarnos de luz? ¿Conocerlo a Él y ser por Él conocidos? ¿Nos atreveríamos a dejarnos alcanzar por la luz de un Verbum que sería Vida para nosotros, aunque esa Vida fuera nueva? ¿Aunque esa Vida fuera muy distinta y mucho más elevada que la vida biológica?


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