El Sueño de Jacob

El Sueño de Jacob, obra del maestro español José Ribera, realizada en 1639 y expuesta en el Museo del Prado de Madrid, constituye una de las joyas más preciosas del barroco español.

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En el libro del Génesis, 28,10-18, se narra el sueño de Jacob de camino a Jarán:

[10] Jacob partió de Berseba y se dirigió a Jarán.
[11] Al llegar a un cierto lugar, se dispuso a pasar allí la noche porque se había puesto el sol; tomó una piedra de aquel lugar y, colocándosela como cabecera, se acostó allí mismo.
[12] Entonces tuvo un sueño: una escala apoyada sobre la tierra tenía la cima tocando el cielo, y los ángeles de Dios subían y bajaban por ella.
[13] El Señor estaba sobre ella y le dijo: -Yo soy el Señor, el Dios de tu padre Abrahán, el Dios de Isaac; voy a darte a ti y a tu descendencia la tierra sobre la que estás acostado.
[14] Tu descendencia será como el polvo de la tierra, te extenderás al este y al oeste, al norte y al sur, y en ti y en tu descendencia serán bendecidos todos los pueblos de la tierra.
[15] Yo estaré contigo y te guardaré donde quiera que vayas, haciéndote volver a esta tierra, pues no te abandonaré hasta que haya cumplido lo que te he dicho.
[16] Cuando Jacob despertó del sueño, exclamó: -El Señor está realmente en este lugar y yo no lo sabía.
[17] Y lleno de temor añadió: -¡Qué terrible es este lugar! Esto no es sino la casa de Dios y la puerta del cielo.
[18] Se levantó Jacob muy de mañana y, tomando la piedra que había colocado de cabecera, la erigió como estela y derramó aceite sobre ella.

Más tarde, en su homilía segunda sobre la Asunción de la Virgen, dice San Juan Damasceno, como dirigiéndose a la sublime Madre:

¿No es evidente que la escala de Jacob os designa y prefigura? Jacob vio el cielo unido a la tierra por la escala, y los ángeles descendían y subían, y Aquel que es verdaderamente el fuerte y el invencible luchó simbólicamente con Jacob; así vos sois hecha mediadora, sois la escala por la cual Dios desciende hacia nosotros: para volver a levantar a nuestra naturaleza sin fuerza, unirse íntimamente con ella, y hacer del hombre un alma que vea a Dios. Vos habéis unido lo que había sido separado. Y los ángeles han descendido hacia la tierra, para servir a su Señor y Dios, y los hombres que viven a la manera de los ángeles son llevados al cielo…


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