The Fabiola Project

Post dedicado a @Vitalij Strigunkov y a @Vytautas Saladis, quien me habló por vez primera del Fabiola Project.

Francis Alÿs Fabiola Project, Menil Collection’s Byzantine Fresco Chapel, 2016

     Francis Alÿs (Bélgica, 1959) es un hombre polifacético: arquitecto y artista, ha explorado muchos lenguajes, que van desde el documental a la performance, pasando por el dibujo, la pintura o la narración de cuentos. Ha tratado temas tan diversos como la vida misma. Además, Francis Alÿs es un hombre en búsqueda. Desde hace muchos años colecciona incansablemente retratos de Santa Fabiola, hechos por él o por otros artistas (la mayoría anónimos), recorriendo mercadillos y museos de los cinco continentes. Muchos los ha descubierto él, y otros se los han enviado personas de todo el mundo. Por el momento, que sepamos, ha conseguido recopilar más de 500 retratos, todos ellos basados en el retrato original de Jean-Jacques Henner: Fabiola con velo rojo (1870-90), actualmente en paradero desconocido. El Reina Sofía dedicó una exposición a la colección de Alÿs hace ya algunos años. Algunos dicen que este artista, a través de este proyecto, intenta resaltar el valor de la obra anónima. Es posible… pero creo que su trabajo es más profundo: es verdad que el medio usado por Alÿs para retratar a Fabiola es, sencillamente, una recopilación de una gran cantidad de obra anónima esparcida por el planeta… pero el hecho innegable es que Francis Alÿs no ha dejado de perseguir el rostro de una mujer que le ha cautivado… ¡a través de 1700 años de historia!

     Francis Alÿs reconoce que todo empezó en Bélgica, como una curiosidad personal, sin método ni sistema. Allí se topó con la misma imagen de Fabiola en dos stands diferentes en el mismo mercado. Y…se la fue encontrando en distintas versiones, que fueron despertando en él una intuición… y así empezó a coleccionar.

     En una entrevista habla del «aura» de misterio que rodea la colección. Ese halo o «aura«, según el propio Alÿs, está constituida, fundamentalmente, por el hecho de que todos esos retratos de la Santa son retratos hechos a mano. This image, in order to have its real devotional power, has to be handmade. Es como una condición para pertenecer a la colección. Eso genera una especie de ritual, que revierte en el aura misteriosa, en ese «poder devocional» invisible que rodea la colección. Por eso mismo, Alÿs intenta huir del white cube para exponer sus Fabiolas. Busca lugares significativos, los cuales deben ofrecer, según el artista, una razón para albergar el Fabiola Project. Esas razones pueden ser devocionales, sociológicas, etc. Quizá se trate, en el fondo, de las dimensiones de la misma vida de Fabiola, que Alÿs intenta reflejar escogiendo unos lugares u otros. Los diferentes lugares aportan un reframing al Fabiola Project. Una nueva forma de mirar a la Santa.

     Otra condición para pertenecer a la colección es el anonimato. Los pintores de las Fabiolas de Francis Alÿs son mayoritariamente anónimos, permitiendo que mucha gente pueda colaborar. Eso genera una publicidad del proyecto, llegando a ser, en palabras del artista, un public domain project. Santa Fabiola, efectivamente, no tiene un
puesto en el High Art (como explica Lynne Cooke, comisaria y colaboradora del Fabiola Project), ni es patrona de iglesias o pueblos. Pero, de alguna manera, todos esos retratos pintados por aficionados, below the radar, le están devolviendo algo de la dignidad que no le ha sido reconocida por mucho tiempo. Digamos que, de alguna manera, Francis Alÿs ha puesto en marcha toda una «tradición vernácula» (pop, si se quiere) que está esculpiendo la hornacina que nadie antes le había esculpido a Santa Fabiola. Pero yo no dejo de preguntarme: ¿por qué Santa Fabiola? ¿por qué ella? ¿quién fue esta mujer? ¿qué vio Francis Alÿs en ella?

     Una importante fuente documental sobre Santa Fabiola es la carta que escribió un coetáneo suyo (por cierto, también retratado por Jean-Jacques Henner) cuando la Santa falleció. Se trata de la epístola de San Jerónimo a su amigo Océano, en la que expresa su más profunda admiración por esta noble romana del siglo IV, a la que llama «gloria de los cristianos, prodigio para los gentiles, luto de los pobres, consuelo de los monjes[1]«. A continuación, Jerónimo describe sus virtudes, y ofrece algunas pinceladas de su azarosa vida, como por ejemplo, la separación de su primer marido, hombre de «muchos vicios«. Y continúa: «Si quisiera yo ahora enumerarlos, mancillaría la virtud de una mujer que prefirió incurrir en la culpa de la separación antes de difamar al que era parte de su cuerpo y descubrir sus defectos[2]«. Al cabo de un tiempo decidió volverse a casar, y falleció su segundo marido[3]. «Ella, recapacitando sobre sí misma, se vistió de cilicio y confesó públicamente su pecado (…) ¿Qué pecados no habría purgado aquel llanto? ¿Qué viejas machas no habrían lavado aquellos lamentos?[4]«. Digamos que se convirtió y decidió volver a la fe cristiana, con gran humildad: «descubrió a todos su llaga, y en su cuerpo demacrado Roma contempló entre lágrimas las cicatrices[5]«. También dice que «castigaba aquel rostro con el que había agradado a su segundo marido; aborrecía las perlas, no podía ver los paños de lino, huía de todo ornato[6]«.

     «Nos hemos demorado mucho en la penitencia —continúa escribiendo San Jerónimo—, y en ella nos hemos detenido como en terreno que había que vadear, para que así el campo de sus glorias se nos abriera más amplio y sin obstáculo alguno. Una vez recibida la comunión ante las miradas de la Iglesia entera, ¿qué hizo ella? ¿Acaso el día de la prosperidad se olvidó de las desgracias, y después del naufragio le quedaron ganas de probar de nuevo los peligros de la navegación? Todo lo contrario, dilapidó y vendió toda la hacienda de que pudo disponer, que era cuantiosísima como correspondía a su alcurnia, y convirtiéndola en dinero la destinó para socorro de los pobres. Ella fue la primera que fundó un hospital para recoger a los enfermos de las plazas públicas y restablecer los cuerpos de los miserables consumidos de dolencias y de hambre. ¿Tendré que describir aquí las diversas calamidades de estos hombres: narices mutiladas, ojos vacíos, pies medio quemados, manos entumecidas, vientres hinchados, caderas atrofiadas, piernas inflamadas y hervideros de gusanos que salían de carnes carcomidas y pútridas? ¡Cuántas veces no cargó sobre sus hombros a enfermos invadidos por la ictericia o la gangrena! ¡Cuántas no lavó la materia purulenta de las llagas, que otros ni se hubieran atrevido a mirar! Servía las comidas por su propia mano, y con infusiones medicinales aliviaba a aquellos cadáveres vivientes«[7].

     «¿Qué monasterio no fue socorrido con sus larguezas? ¿Qué menesteroso o enfermo no se vistió con ropas de Fabiola? ¿A qué indigentes no llegó solícita y rápida su generosidad? Roma quedaba pequeña para su misericordia. Y así, recorría las islas, el mar Tirreno, la provincia de los Volscos; y en su propia persona o por medio de varones fiables y santos su generosidad llegaba hasta los recodos escondidos del sinuoso litoral, donde viven los coros de monjes.«[8].

     Más tarde, y en contra de muchos, partió para Jerusalén, dónde se dedicó a la meditación solitaria y al estudio de la Biblia[9]. Allí San Jerónimo la acogió en su comunidad y le explicó el sentido de muchos pasajes de la Escritura. Es de suponer que fue entonces cuando Fabiola le contó lo que había sido su vida hasta aquel momento. Al cabo de un tiempo se empezó a extender el rumor sobre una posible invasión de los hunos, y Fabiola decidió volver a Roma[10], donde llevó una vida errante y penitente: «regresó a su patria, para vivir pobre donde había sido rica«[11]. Y «andaba con tantas prisas, se ponía tan impaciente con cualquier tardanza, que parecía estar siempre a punto de partir. Y como en todo momento se estaba preparando, la muerte no pudo hallarla desprevenida[12]«. San Jerónimo también recuerda el funeral de Fabiola: «Como si lo estuviera oyendo: tropeles de gentes que van delante, la muchedumbre se agolpa en oleadas para sus exequias; ni las plazas, ni los pórticos, ni los balcones que dan sobre las calles podían contener a los espectadores. Roma pudo ver en esta ocasión a todos sus habitantes juntos. Todos se congratulaban de la gloria de la penitente. Y no es de extrañar que los hombres se felicitaran de la salvación de aquella de cuya conversión se habían alegrado los ángeles en el cielo«[13].

     La historia de esta Santa de finales del siglo IV e inicios del V es, sin duda, apasionante. Tan apasionante como que —y es probable que muchos no lo sepan— Fabiola es la patrona de las personas divorciadas, de las víctimas de infidelidades, adulterios y abusos…así como de los matrimonios difíciles. En fin… no sé qué cosa habrá cautivado a Francis Alÿs de todo esto. Quizá, simplemente Fabiola misma. Ella y su historia. Lo que ella es, lo que ella vivió, lo que a ella le sucedió, y lo que ella hizo. Es decir, todo. El proyecto entero. The Fabiola Project. Y es que, visto así, el trabajo de Francis Alÿs no sólo es un entrañable homenaje a Fabiola…sino un paralelismo con su misma vida: el artista belga, en el siglo XXI, busca un rostro de finales del siglo IV, cuyos retratos están diseminados por mercadillos perdidos del mundo. Es como un puzzle a través de los siglos. Y Fabiola, en el siglo V, no dejó de llorar por un Rostro que le había cautivado a través de 400 años… Ella no sólo lloró ese Rostro, sino que buscó recomponerlo con las múltiples obras de misericordia que practicó en su vida, porque «en verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis (Mateo 25, 40)». Fabiola fue coleccionando por Roma las piezas diseminadas de un gran puzzle. Y ese puzzle era, ni más ni menos, el retrato del rostro de Jesucristo, el gran amor de su vida. Alÿs está componiendo un gran retrato de Fabiola. Fabiola compuso un gran retrato de Cristo. Y así entró en posesión del Reino.

     «Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo: porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era peregrino y me acogisteis; estaba desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme». Entonces le responderán los justos: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos peregrino y te acogimos, o desnudo y te vestimos?, o ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y vinimos a verte?» Y el Rey, en respuesta, les dirá: «En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis (Mateo 25, 34-40)».


Notas

[1] San Jerónimo, Epistolario. Traducción y notas por Juan Bautista Valero, BAC, Madrid 1993, p.778.
[2] Idem, p. 779.
[3] pp. 780-781.
[4] p. 781.
[5] p. 783.
[6] p. 784.
[7] pp. 784-785.
[8] p. 786.
[9] Cf. pp. 786-787.
[10] pp. 788-789.
[11] p. 789.
[12] pp. 789-790.
[13] p. 792.



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4 comentarios en “The Fabiola Project

  1. Este es un escrito verdaderamente inspirador y profundo. Lo he disfrutado mucho. Espero que Francis Alÿs también descubra la correlación que haces.

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