LUZ DE LUZ

«Se adentra la gracia del cielo en las entrañas purísimas de la Virgen y su intimidad pasa, entonces, a guardar un profundo secreto, que antes desconocía.»

A Solis Ortus Cardine, Sedulio (†450)

La última vez que tuve la suerte de estar en el Panteón fue paseando con un arquitecto japonés. Una vez dentro nos habíamos detenido en frente de la anunciación de Melozzo da Forlì. Después de unos instantes de contemplación, mi amigo se giró y me sorprendió con la siguiente pregunta:

- ¿En qué piensas cuando ves esto?

Por un instante no supe qué responder. Pero queriendo tomarme en serio la pregunta, miré hacia arriba, e hice un barrido visual de lo que tenía enfrente…

La visión era digna de producir un síndrome de Stendhal1: Desde la clave inmaterial de la cúpula, disco de luz, fui bajando lentamente la mirada; me sorprendió ese disco blanco perfecto, esa luz que entraba y se deslizaba elegantemente por los casetones y esas columnas que sosteniendo esa cúpula de luz enmarcaban el fresco de la anunciación.

Esa «procesión simbólica»2 de luz que se materializaba. El contraste de la luz de la cúpula, fría e inmaterial, con la calidez y concreción simbólica de la encarnación representada en la parte inferior, me parecían entrar en resonancia pues: «En la oscuridad de la noche de Belén se encendió, realmente, una gran luz: el Creador del universo se encarnó uniéndose indisolublemente a la naturaleza humana, hasta ser realmente «Dios de Dios, luz de luz» y al mismo tiempo hombre, verdadero hombre.»3

En la anunciación que tenía enfrente estaba representado Dios Padre con vestiduras doradas, de él salía el Espíritu Santo, luz y paloma, hacia la Virgen María, en la que se generaba en ese preciso momento Vida en su interior.

En ese mismo instante me di cuenta de que esa simbología que en este caso era más producto de mi pensamiento, pues ese óculo del Panteón no fué construido con esa intención simbólica, probablemente sí que había sido tenida en cuenta por Gaudí para el ábside de la Basílica de la Sagrada Familia. Donde la luz «se adentra (la gracia) del cielo en las entrañas purísimas de la Virgen y su intimidad pasa, entonces, a guardar un profundo secreto, que antes desconocía.» De tal manera que una vez más y para siempre «ese claustro purísimo, se convierte en el Templo de Dios.»4

Efectivamente, encima del ábside Gaudí previó una enorme torre dedicada a la Virgen, señalada por una gran estrella luminosa (1.) y la corona de doce estrellas (2.). Esta torre es un gran cimborrio captador de luz (3.) la cual se concentra en el gran Paraboloide-Hiperbólico que hace de óculo(4.) encima del presbiterio, allí previó el arquitecto la representación de la vestiduras doradas del Padre, y la plenitud de la trinidad con la alabanza «Sanctus, Sanctus, Sanctus«.

Esta simbología es muy apropiada encima del presbiterio y del altar (6.). Uniendo de esta manera simbólicamente tanto la encarnación del Verbo (luz de luz) a través de la Virgen para la humanidad, como la constante venida a través de la Eucaristía celebrada por la Iglesia (Madre) manteniendo la presencia real de Cristo cabeza. Cierra el símbolo la vuelta de la cripta con una vez más la anunciación como clave (7.).

Este uso simbólico mariano en el abside es muy «original»5 pués tiene una larga tradición desde los primeros siglos de la Iglesia, especialmente en Oriente. De modo que Gaudí retoma de esta manera un tema y simbología clásicos pero con una potente revolución con su estilo, pués en vez de una imagen mariana en la vuelta es la misma edificación que jugando con la luz del sol crea un símbolo mucho más vivo. Ya que «la finalidad dogmático-litúrgica reconocida a la iconografía absidal es la de expresar la presencia del Señor viviente en su Iglesia».6

Os dejo imágenes en esta galería de detalles de esta cadena simbólica.

Si queréis profundizar más en esta tradición simbólica he disfrutado mucho leyendo este artículo de María Giovanna Muzj: «La iconografía absidal mariana de la Iglesia indivisa como «Lugar teológico». Donde muestra que «este es el fondo sobre el cual se delinea la inserción de la Virgen Madre María en los programas iconográficos absidales: donde su figura testimonial envía no solo, en primer lugar, al evento histórico puntual de la Encarnación (ephapax), sino también a su prolongación sacramental–que es la Eucaristía– en el tiempo lineal humano. La figura de la Virgen María habla siempre de la Epifanía realizada en el tiempo y sacramentalmente presente en la Iglesia.»5

Esta tradición artística tiene un importante eco en el Románico Catalán del siglo XII-XIII con el uso de imágenes Marianas en Ábsides y Altares. Y, por tanto, una continuidad bastante próxima en el arte de las tierras de Gaudí, que además era un buen conocedor de la antigüedad y del Romanico de sus tierras. Con el tiempo lo estudiaremos con calma y profundidad. Pero os dejo algunas de las que me parecen más relevantes con programas teológico-simbólicos parecidos.

Ps. Espero que con esto se entienda un poco mejor lo que intente explicarte Takeshi, sino al menos yo he disfrutado recordando esa buena conversación. En Haiku podría resumirse…

El claustro virgen, (5)
súbitamente en luz, (7)
es templo de Dios (5)

Apéndice


Este Haiku es una compresión perfecta de esta obra y de nuestro artículo. Para terminar os dejo el himno entero «A solis ortus cardine» en Latín-Español.8

Hymnus

A solis ortus cardine
Adusque terræ limitem,
Christum canamus Principem,
natum Maria Virgine.

Beátus auctor sǽculi
Servíle corpus índuit:
Ut carne carnem líberans,
Ne pérderet quos cóndidit.

Castæ Paréntis víscera
Cæléstis intrat grátia:
Venter Puéll
æ báiulat
Secréta, quæ non nóverat.

Domus pudíci péctoris
Templum repénte fit Dei:

Intácta nésciens virum,
Concépit alvo Fílium.

Einxa est puérpera
quem Gabriel praedixerat,
quem matris alvo gestiens
clausus Ioannes senserat

Feno iacere pertulit
praesepe non anhorruit,
 parvoque lacte pastus est
per quem nec ales esurit.

Gaudet chorus caelestium
et Angeli canunt Deum,
palamque fit pastoribus

Pastor, Creator omnium.

Iesu, tibi sit gloria,
qui natus es de Virgine,
 cum Patre et almo Spiritu,
 in sempiterna secula. Amen

Himno

Se ha revestido de siervo, el supremo Hacedor del mundo librando a la carne con la Carne, para que no pereciera lo que Él mismo creó.

Desde la aurora naciente hasta la puesta de sol, celebremos a Cristo, el Príncipe nacido de la Virgen María.

Se adentra la gracia del cielo en las entrañas purísimas de la Virgén y su intimidad pasa, entonces, a guardar un profundo secreto, que antes desconocía.

Súbitamente ese claustro purísimo, se convierte en el Templo de Dios, y, prestando asentimiento, concibe a su Hijo, sin concer varón.

La Doncella ha dado ha luz lo que anunció Gabriel, el mismo al que Juan, aún en el seno materno, presintió que María llevaba consigo.

No rechaza el pesebre, ni dormir sobre unas pajas: tan solose conforma con un poco de leche el mismo que, en su providencia concede el alimento a los pájaros.

Se alegra el coro de los Bienaventurados y los Ángeles cantan a Dios, cuando el Pastor, que hizo el universo, se manifiesta visible a los pastores.

Gloria a ti, Jesús, que has nacido de la Virgen, y también al Padre y al Epíritu vivificante, por los siglos sin término. Amén.

Notas


  1. El síndrome de Stendhal puede catalogarse como una enfermedad psicosomática que causa un elevado ritmo cardíaco, felicidad, palpitaciones, sentimientos incomparables y emoción cuando el individuo es expuesto a obras de arte, especialmente cuando estas son consideradas extremadamente bellas. Más allá de su incidencia clínica como enfermedad psicosomática, el síndrome de Stendhal se ha convertido en un referente de la reacción romántica ante la acumulación de belleza y la exuberancia del goce artístico. (dedicat al Marcel) ↩︎
  2. Con esta expresión nos referimos a un conjunto de símbolos puestos uno tras otro y relacionados entre ellos, de manera que pasan como desfilando ante el observador. Y que, aun teniendo significado por separado, llaman a una lectura unitaria más profunda. ↩︎
  3. Benedictos XVI, Audiencia General, Miércoles 17 de diciembre de 2008 ↩︎
  4. A Solis Ortus Cardine, en Arocena, Félix María, Los himnos de la tradición, El himnario de la «Liturgia Horarum» y otros himnos de la tradición litúrgica, 102-103. ↩︎
  5. En el sentido Gaudiniano, ver entrada anterior «El templo que nace» ↩︎
  6. María Giovanna Muzj, La iconografía absidal mariana de la Iglesia indivisa como «Lugar teológico», en Cuadernos Monásticos 172 (2010) 27 – 72. ↩︎
  7. Ivi. ↩︎
  8. Arocena, Félix María, Los himnos de la tradición, El himnario de la «Liturgia Horarum» y otros himnos de la tradición litúrgica, 102-103. ↩︎

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