La Fe de los demonios

«Tú crees que Dios es uno; bien haces.
También los demonios creen y tiemblan.»

Santiago 2:19

En la región de Bucovina, Rumania, se encuentra el Monasterio de Sucevița, una joya del arte medieval ortodoxo. Sus muros exteriores están cubiertos de frescos que narran historias bíblicas y enseñanzas espirituales, entre los cuales destaca una representación de la «Escalera de San Juan Clímaco». Esta pintura, cargada de simbolismo, representa a monjes ascendiendo por una escalera hacia el cielo mientras ángeles los ayudan y demonios intentan hacerlos caer. Más allá de su belleza, esta obra puede entenderse como una expresión visual de una lucha interna que ha sido abordada en diversas reflexiones espirituales a lo largo del tiempo.

Fabrice Hadjadj, en su libro La fe de los demonios, nos enfrenta a la inquietante idea de que incluso los demonios creen en Dios, pero no lo aman ni siguen su voluntad. Creer no es suficiente si esta fe no se traduce en una vida de conversión y amor verdadero. En la pintura de Sucevița, los monjes que caen no lo hacen por falta de conocimiento, sino porque sucumben ante las pruebas del camino. La imagen nos advierte sobre el peligro de una fe vacía, que reconoce a Dios pero no se entrega a Él.

«Un hombre tenia dos hijos. Llegándose al primero, le dijo: "Hijo, vete hoy a trabajar a mi viña". Y él respondió: "No quiero", pero después se arrepintió y fue. Llegándose al segundo le dijo lo mismo. Y el respondió: "Voy, Señor", y no fue.»  (Mt 21, 28-30)

«El no quiero del hijo que se arrepiente. ¿No es ya una especie de confesión? ¿No se podría leer: «Está por encima de mis fuerzas, por encima de mi voluntad»? Pero resulta que va a trabajar a la viña. ¿De dónde viene esta capacidad repentina de hacer lo que no quería, quizás lo que no podía? Hay en ello como la secreta irrupción de una gracia.»1

El combate que presenta esta escalera no es solo un concepto abstracto, sino una realidad diaria. Fabio Rosini, en El arte del buen combate, describe la vida cristiana como una batalla constante en la que la armadura espiritual es esencial para resistir la tentación. Esta visión coincide con la exhortación de San Pablo a revestirse de la armadura de Dios, un recordatorio de que el camino hacia la salvación no es fácil y exige esfuerzo constante. «Nuestro objetivo es vivir bien y cuidar nuestro corazón, y eso implica la lucha contra los malos pensamientos suscitados por el demonio (…) Debemos conocer mejor las técnicas del engaño y los buenos hábitos de la verdad.»2

La «Escalera de San Juan Clímaco» no es solo una ilustración monástica, sino una imagen que interpela a cada creyente. Nos confronta con la fragilidad humana, con la necesidad de perseverar y con la certeza de que la fe debe ser más que una simple convicción intelectual. Hadjadj y Rosini, desde sus propias perspectivas, refuerzan la idea de que la vida espiritual es una lucha diaria en la que no basta con creer, sino que es necesario amar, obedecer y mantenerse firmes. La pintura de Sucevița nos invita a preguntarnos: ¿estamos simplemente creyendo, o estamos realmente luchando por alcanzar el cielo?

¿De qué lado cae mi corazón?

«El diablo lucha contra Dios y el campo de batalla es el corazón del hombre». (Fiodor Dostoievski)

  1. Hadjadj, Fabrice, La fe de los demonios (o el ateísmo superado), Nuevo Inicio, Granada 2009, 77. ↩︎
  2. cfr. Rosini, Fabio, El arte del buen combate, Ediciones Cristiandad, Madrid 2023, 26. ↩︎


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