«Desde la salida del sol hasta el ocaso, alabado sea el Nombre del Señor.»
(Salmo 113, 3)

La Capilla de San Bernardo: un diálogo entre cosmos y liturgia
Ubicada en la soledad de la pampa argentina, la Capilla de San Bernardo, obra del arquitecto Nicolás Campodónico, es un espacio de contemplación donde la luz y la sombra tejen un relato simbólico que se renueva cada día. Su diseño no solo responde a la tradición constructiva de la región, sino que también inscribe un evento cósmico que resuena con la liturgia cristiana. El arquitecto hace referencia al Vía Crucis en su obra, pero en ella también pueden apreciarse ideas simbólicas en relación con la Eucaristía, aunque el autor no las mencione explícitamente.
El Vía Crucis del sol: la dimensión sacrificial
Cada tarde, la capilla se convierte en el escenario de un fenómeno poético y litúrgico. En su interior, dos piezas de madera separadas proyectan dos sombras distintas sobre la pared de ladrillo. A medida que el sol desciende, estas sombras se van acercando hasta fundirse en una sola cruz, recordando el sacrificio de Cristo y su presencia renovada en cada Eucaristía. Este evento se repite diariamente, como un Vía Crucis cósmico, sin necesidad de intervención humana, convirtiendo a la capilla en un altar natural donde el sol oficia su propia liturgia.
Así, una capilla solitaria, iluminada por el fuego del sol, hace presente cada tarde el sacrificio de la cruz. Podemos pensar en una misa oficiada por el mismo sol, símbolo cristiano por excelencia, que representa a Cristo como fuente de vida, luz y calor, evocando la resurrección y la escatología cristiana.


Un horno encendido por el sol: La dimensión convival1
En segundo lugar, podemos reconocer una referencia al banquete eucarístico. Su arquitectura en ladrillo remite a los hornos de carbón tradicionales de la región. La imagen del horno, junto con el sacrificio del Vía Crucis solar, nos lleva inevitablemente al pan. Al ser iluminada por el sol, la capilla se transforma en un horno simbólico, donde el fuego de la luz solar «enciende» el interior, evocando el pan que se hornea y que en la Eucaristía se convierte en el Cuerpo de Cristo.
Así, la obra nos muestra cómo el sacrificio da lugar al banquete: no hay amor sin sacrificio, la entrega produce el don. La capilla fusiona estas dos dimensiones esenciales de la Misa: la cruz y la comunión.
"Este es el pan que, sembrado en la Virgen, fermentado en la carne, hecho en la pasión, cocido en el horno del sepulcro, preparado en las iglesias, llevado a los altares, suministra diariamente el manjar celestial a los fieles."2San Pedro Crisólogo


Arquitectura que trasciende


La Capilla de San Bernardo no es solo un refugio en la inmensidad de la pampa; es un mecanismo arquitectónico que inscribe el misterio cristiano en el movimiento del cosmos. Su diseño, sencillo y austero, convierte la luz y el tiempo en protagonistas de una liturgia que se repite cada día, vinculando el sacrificio con la comunión en una experiencia mística y tangible. En este espacio, la arquitectura deja de ser estática y se convierte en un acto en sí misma, un lugar donde la creación participa en el misterio de la redención.
Esta idea recuerda el episodio de San Antonio de Padua, quien, al ver que los hombres rechazaban la predicación, se dirigió al mar y exclamó: «Porque te muestras indigno de la palabra de Dios, me vuelvo a los peces para que tu incredulidad se haga más evidente.» Y los peces acudieron a escucharlo atentamente.
De manera similar, la creación sigue dando gloria a Dios cada día, esperando que los hombres de buena voluntad se unan a su canto. La Santa Misa permite al hombre entrar en esta alabanza de manera plena, a través de la Eucaristía, donde la comunión con Dios alcanza su máxima expresión.
El hombre, barro convertido en ladrillo
En el video que tienes a continuación, el arquitecto explica que el ladrillo es el mono material utilizado en toda la capilla. Este hecho, unido a su imagen de horno encendido por el Vía Crucis solar, nos permite ver un símbolo profundo: el hombre, «que es polvo y al polvo volverá» (Gen 3,19), se transforma en ladrillo a través del agua y el fuego. El agua del bautismo y el fuego del Espíritu Santo, representado en la luz del sol, configuran al hombre como parte viva de la Iglesia. En la imagen del horno encendido, reflejo de la Santa Misa, el hombre se une al sacrificio de Cristo y es integrado en su Cuerpo, participando así en el Misterio redentor celebrado diariamente.
- «Convival» se refiere a convite: un banquete al que alguien es convidado. En este contexto, hace referencia a la Santa Misa como participación en el banquete celestial, cuya máxima expresión se da en la comunión eucarística. ↩︎
- SAN PEDRO CRISÓLOGO, Sermo 67 (PL 52, 392), citado en J. A. DE ALDAMA, Eucaristía y maternidad divina, dos temas conexos en la literatura eclesiástica, en Scripta de Maria, Caja de ahorros de Zaragoza, Zaragoza 1979, p. 45. ↩︎
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